11/22/09
A la gente le encanta etiquetar. Lo sé, ya he hablado de esto, pero da igual, nadie se va a dar cuenta, pocos pasan por aquí, y si lo hacen tampoco retienen las chorradas que digo.
El caso es que necesitamos tenerlo todo bajo control. Necesitamos saber exactamente a qué nos enfrentamos. Necesitamos delimitar el entorno. Saber si las cosas son blancas o negras. Si no, nos frustramos.
Yo también lo necesito. No voy a meterme con la humanidad hoy. De momento.
Me pone nerviosa no saber por qué las cosas son como son, y no de otra forma. Si son así siempre, o si cambian dependiendo del clima o de vete tú a saber qué factor extraño. No soy especial, soy cuadriculada, igual que la mayoría.
El atractivo de Lisbeth es que es un fantasma inquieto. Está pero no está. Todo a su alrededor es caótico. Puede querer responder o no hacerlo, correr o sentarse, quererte u odiarte. Es una pregunta que no necesita ser respondida, ni clasificada, ni etiquetada.
Si lo piensas, Lisbeth ha enamorado a gente muy diferente. A hombres que aman a las mujeres, a mujeres que también, a amas de casa aburridas, a modernos gafapastosos, y a ejecutivos agresivos. Y muchos más.
Creo que es justamente por ese afán nuestro de agrupar y ordenar por lo que nos gusta tanto. Porque no nos cuadra en ningún sitio.
Tiene una columna propia.
amen