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9/9/09
Prisionera del deseo --Capitulo 11
La perturbó comprenderlo así, pero no pudo dejar de preguntarse si Zac lo sentiría al despertar, y si, al sentirlo, lo aceptaría.
A medio camino se detuvieron para dar descanso a los caballos y permitirles beber ante una taberna. Los relámpagos destellaban en blanco fulgor, pero no podían quedarse a pasar la noche, aunque el anciano negro encargado del servicio hizo lo posible para persuadirlos.
-Se van a empapar –dijo a los hombres sentados en el pescante, sacudiendo su cabeza canosa.
Ellos lo sabían, pero no había remedio. Se pusieron en marcha otra vez. Cinco kilómetros más adelante se inició la lluvia, con gotas pesadas y gordas, pero pronto se convirtió en un torrente, arrojado contra ellos por el viento frío que aumentaba la angustia.
Vanessa hizo que el cochero se adelantara hasta la casa principal. Cuando Denise, la ama de llaves, quien vivía en las buhardillas con su hijo Marcel, acudió al campanillazo de Sansón, Vanessa bajó para entrar. Poco rato después salió con un llavero y, tras subir nuevamente al landó, indicó al cochero que se dirigiera hacia los edificios detrás de la casa.
Durante un momento, la muchacha miró en derredor: una vieja y descolorida edificación con pelusa de algodón adherida a las toscas tablas y colgando de las telarañas. El aire era húmedo y olía a semillas de algodón aplastadas, a aceite rancio, sudor y tierra mojada. No era un sitio donde a ella le hubiera gustado pasar mucho tiempo. No dejaba de ser una suerte que la forzada estancia de Zac Efron fuera a durar sólo uno o dos días.
Los dos negros, al maniobrar con la larga silueta de Zac, le golpearon contra el marco de la portezuela. El hombre inconsciente gruñó con voz grave y ronca.
-Cuidado –advirtió Vanessa inmediatamente, preocupada.
-Sí, mam´zelle –respondieron Sansón y Elías al unísono, aunque ambos parecían aliviados al notar que su carga estaba con vida.
Con toda la suavidad de una niñera para con el recién nacido, llevaron al alto caballero hasta el descansillo, frente a la puerta de la habitación. Vanessa colgó la llave en su viejo escondrijo, bajo una lámpara colgada de su clavo, y empujó la puerta para precederlo. Avanzó hasta la cama y esponjó el colchón de algodón que había sido doblado hacia los pies para que se aireara.
Esperaba experimentar una sensación de triunfo, pero sólo se sentía cansada y nerviosa. Además, mientras miraba a Zac Efron le asaltó algo muy parecido a un remordimiento. Ese hombre inconsciente, completamente inmóvil, exudaba tanta potencia masculina que era una verdadera pena haberlo derribado con un ataque decididamente vil. Descartó esa momentánea sensación con una impaciente sacudida de cabeza. No había remedio: él mismo se lo había buscado.
-Elías –llamó por encima de su hombro-, ¿podrías encender fuego? Después irás a la casa y ayudarás a Denise y a sus hijos a traer mantas y sábanas para hacer la cama. También necesitamos agua para calentar. Sansón, creo que no puede escapar por el momento, pero sería prudente que le pusieras el grillete.
-Muy prudente, mam´zelle –respondió el hombre, entretanto recogía la cadena con su aro, enroscada en el suelo.
-Después –prosiguió ella- sería conveniente que descansarais un rato. Cuando estéis repuestos tomaréis los caballos del establo para volver a Nueva Orleáns. En está situación, cualquier hombre sentiría deseos de venganza contra quienes le echaron mano. Tal vez monsieur Efron no sea de ellos, pero preferiría no correr el riesgo.
-¿Y usted, mam´zelle? Si él se enoja con nosotros, mucho más se enojará con usted.
-Soy mujer, y él es un caballero. ¿Qué podría hacer?
Sansón se limitó a mirarla fijamente. Vanessa apartó la vista, consciente de que se estaba ruborizando.
-Me mantendré fuera de su alcance cuando despierte, podéis estar seguros. Pero comprenderéis que no puedo dejarlo mientras no recobre el sentido. Soy responsable. Si a media mañana no ha reaccionado, tal vez mande buscar a un médico.
-¿Cómo se las arreglará usted?
Ella hizo un breve además con una mano.
-No sé. Tal vez diga que encontramos a monsieur Efron a la vera del camino, o que cayó mientras estaba inspeccionando la maquinaria de la desmotadora. Ya se me ocurrirá algo.
-Oh. ¿Y cuando Efron vuelva en sí?
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eso es todo! espero que les guste :)
cuando pueda devuelvo las firmas que como no son muchas no tardare mucho tiempo!
besitos
Shara!