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•Photo #543 Drinking A Cofee

PASEN POR LA OTRA NOVELA
&#8594 The Duke
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CAPITULO 10

Cada zona común de la casa estaba ocupada después de la cena. Algunos huéspedes jugaron a las cartas, otros se reunieron alrededor del piano en el cuarto de música y cantaron, pero el grupo más grande se había reunido en el salón para jugar a las charadas. Sus gritos y sus risas resonaban a lo largo de los vestíbulos.

Vanessa miró las charadas durante un tiempo, gozando de las payasadas de los competitivos equipos que representaban palabras o frases, mientras que los otros gritaban conjeturas. Notó que Zac Bowman y Natalie estaban sentados juntos, sonriendo e intercambiando bromas privadas. Eran una pareja extraordinariamente buena, ambos jóvenes y atractivos. Echando una mirada hacia ellos Vanessa se sintió absolutamente taciturna.

Fue descubierta cuando el reloj de pared de la esquina dio las ocho y cuarto. Saliendo discretamente del cuarto, llegó al vestíbulo. Fue tal el alivio al estar fuera del salón y no tener que sonreír cuando no tenía ganas de ello, que exhaló un enorme suspiro y se inclinó contra la pared con sus ojos cerrados.

– ¿Señorita Appleton?
Los ojos de Vanessa se abrieron rápidamente. Era Lillian, Lady Westcliff, quien la había seguido fuera del salón.
–Era un poco agobiante allí dentro, ¿verdad?, –preguntó la condesa con una sonrisa amistosa.
Vanessa movió la cabeza.
–No me gustan las reuniones con tanta gente.
–A mí tampoco –confesó Lillian– Mi mayor placer es relajarme con mi pequeño grupo de amigas, o mejor todavía, estar a solas con mi marido y mi hija. Usted va a la biblioteca a leer a los niños, ¿verdad?
–Sí, milady.
–Es muy amable por su parte. Escuché que todos ellos disfrutaron tremendamente la última tarde. ¿Puedo caminar con usted hacia la biblioteca?
–Sí, milady. Estaré encantada.
Lillian la sorprendió al unir los brazos con los suyos, como si ellas fueran hermanas o amigas cercanas. Caminaron por el largo vestíbulo a un ritmo lento.
–Señorita Appleton, yo... oh, caramba, odio estas formalidades. ¿Podemos usar nuestros nombres?
–Sería un honor que me llamara por nombre de pila, milady. Pero yo no puedo hacer lo mismo. No sería apropiado.
Lillian la dedicó una mirada pesarosa.
–Está bien, entonces. Vanessa. Llevo deseando hablar contigo durante toda la tarde, hay algo altamente privado que me gustaría discutir contigo, pero no debe ir más allá. Y probablemente no debería decirte nada, pero lo haré. No podré conciliar el sueño en toda la noche de otra manera.
Vanessa estaba estupefacta. Por no menciona rabiosamente curiosa.
–¿Milady?
–Esa prenda que le pediste a mi hermano hoy...
Vanessa palideció un poco.
–¿Estuvo mal por mi parte? Lo siento. Nunca tendría...
–No. No, no es eso. No hiciste nada malo de ninguna manera. Es lo que te dio mi hermano lo encontré tan... bien, sorprendente.
–¿El soldado de juguete? –susurró Vanessa– ¿Por qué fue sorprendente?
Vanessa no había pensado que fuera inusual. Muchos hombres llevaban pequeños símbolos con ellos, tales como horquillas de algún amor, o amuletos o algunos detalles como monedas o medallas.
–Ese soldado es de una colección que Zac tenía cuando era un niño pequeño. Conociendo a mi padre, no te sorprenderá saber que él era absolutamente estricto con sus hijos. Al menos cuando él estaba allí, hay que agradecer a Dios no fuera muy a menudo. Pero Padre ha tenido siempre expectativas poco razonables hacia mis hermanos, especialmente con Zac. Padre quería que Zac fuera el mejor en todo, así que lo castigaba severamente si lograba cubrir sus mezquinas expectativas. Pero al mismo tiempo, Padre no quería ser eclipsado, así que él aprovechaba cada oportunidad para avergonzar o degradar a Zac a pesar de que él era el mejor.
–Oh –dijo Vanessa suavemente, llenándose de simpatía hacia el niño que había sido Zac – ¿Su madre no hizo nada para intervenir?
Lillian hizo un sonido burlón.
–Ella ha sido siempre una criatura tonta que se preocupaba más de las fiestas y el estatus social que de algo más. Estoy segura que desvió sus pensamientos hacia los vestidos y las joyas antes que a cualquiera de sus hijos. Como era Padre el que decidía, Madre estaba más que dispuesta con ello, mientras que el pagara sus cuentas.
Después de un momento de pausa, el desprecio desapareció del tono de Lillian, remplazado por la melancolía.
–Nosotros raramente veíamos a Zac. Porque mi padre quería que él fuera un chico serio, estudioso, nunca se le permitió jugar con otros niños. Estaba siempre con profesores particulares, estudiando o aprendiendo deportes, a cabalgar... pero él nunca tuvo un momento de libertad. En las pocas escapadas que Zac podía darse con su colección de pequeños soldados, hacia batallas y escaramuzas con ellos, y mientras que estudiaba, las alineaba sobre su escritorio para que le hicieran compañía. –Una débil sonrisa vino a sus labios– Y Zac vagaba en las noches.




On June 26 2010 49 Views



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Zanessa_fanny On 26/06/2010

a la adaptación futura de la especio. Como de costumbre, Vanessa entendía sólo la mitad de esto... él tendría que explicárselo más delante de una manera que ella pudiera entenderlo más fácilmente.

[i]Puede ver[/i], escribió él, [i]necesito de su buena y sensible compañía. Si solamente pudiera estar aquí para escuchar mis pensamientos cuando se los explico, podría organizarlos con más exactitud. Durante momentos como estos, en su ausencia, es cuando me doy cuenta de que nada está completo cuando no está, mi querida Srta. Appleton. Todo me parece mal.

Es mi esperanza más cariñosa que cuando usted regrese, nosotros ordenemos nuestros asuntos personales. Durante el curso de nuestro trabajo usted ha conocido mi carácter y mi temperamento. Quizás por ahora mis pobres encantos la han dado cierta clase de impresión. Tengo pocos encantos, lo sé. Pero usted tiene tantos, mi estimada, que pienso que los suyos compensaran mi carencia. Espero mucho que usted me haga el honor de ser mi pareja, mi ayudante, y esposa...

Había más, pero Vanessa dobló la carta y miró ciegamente al fuego.

La respuesta seria sí, por supuesto.

[i]Es lo que has estado buscando[/i] se dijo a sí misma. [i]Una oferta honorable de un buen hombre, decente[/i]. La vida seria interesante y satisfactoria. Sería mejor ser la esposa de un hombre tan brillante, conocería a gente de sus cultos círculos.

¿Por qué, entonces, se sentía tan desgraciada?

–¿Por qué estás frunciendo el ceño?


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Zanessa_fanny On 26/06/2010

Una vez que los trineos hubieron partido, las pezuñas de los caballos se alejaron sobre la nieve y el hielo, las campanillas repiqueteando en las bridas, la casa y los terrenos estuvieron tranquilos, Vanessa caminó lentamente por la casa, disfrutando de la serenidad de los vacios pasillos. Los únicos sonidos que había eran las distantes apagadas conversaciones de los sirvientes. No había duda de que ellos, también, estaban alegres de que la mayoría de los invitados se hubieran ido por el resto del día y la noche.

Vanessa llegó a la biblioteca, que estaba vacía y atractiva, el aire ligeramente acre con los olores de los pergaminos y el cuero. El fuego del hogar proyectaba un resplandor caliente por todo el cuarto.

Sentándose en una silla junto al fuego, Vanessa se quitó los zapatos y metió un pie debajo de ella. Cogió la carta de Samuel Clark de su bolsillo, rompió el sello y sonrió por su familiar caligrafía.

Era fácil imaginar a Clark escribiendo esa carta, su cara tranquila y pensativa, su hermoso pelo ligeramente despeinado cuando él se inclinaba sobre el escritorio. El preguntaba sobre su salud y la de los Blandfords, y le deseaba unas felices fiestas. Continuaba describiendo sus últimos intereses sobre el tema de los genes hereditarios según lo descrito por el biólogo francés Kamarch y como se desarrollaban las propias teorías de Clark sobre como la repetición de la información sensorial podía ser almacenada en el tejido del cerebro, de tal manera que contribuyera


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Zanessa_fanny On 26/06/2010

Vanessa ayudó a Natalie a cambiarse un vestido de invierno azul pálido, las pesadas faldas y las zapatillas plisadas, haciendo juego la capucha de la elegante capa con su blanca piel. Los huéspedes iban a dar un masivo paseo vespertino en trineo, viajando a través de la nieve recién caída a un pueblo de Winchester para cenar y patinar.
–Si el tiempo permanece bueno –exclamó Natalie– podremos cabalgar a casa bajo las estrellas... ¿puedes imaginarte algo más romántico, Vanessa? ¿Estás segura de que no quieres venir?
–Totalmente segura. Deseo sentarme ante el hogar y leer la carta del señor Clark. –la carta la había sido entregada temprano, y Vanessa estaba impaciente por leerla detenidamente en privado. Además, la última cosa que ella quería era ver a Natalie y Zac Bowman acurrucándose juntos debajo de una manta en el largo y frio paseo a trineo.
–Me gustaría que disfrutaras de la salida en trineo –insistió Natalie– No sólo podrías divertirte, sino que podrías hacerme el favor de hacerle compañía al Lord Travers y distraerlo. Parece que cada vez que estoy con el señor Bowman, Travers intenta interrumpir. Es terriblemente molesto.
–Creo que te gustaba Lord Travers.
–Lo hacia. Pero él es tan reticente, me vuelve loca.
–Quizás si lo arrinconas en una esquina, como hiciste con el señor Bowman...
–Ya lo he intentado. Pero Travers no hará nada de eso. El dice que me respeta. –Frunciendo el ceño, Natalie se fue a unirse a sus padres y al señor Bowman para su paseo en trineo.


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Zanessa_fanny On 26/06/2010

Parecía que el noviazgo entre Bowman y Natalie marchaba lentamente: ellos bailan juntos, iban a caminar y el giraba las hojas de música para Natalie cuando ésta tocaba el piano. Vnessa intentó ser discreta manteniendo las distancias siempre que era posible, permaneciendo reservando cuando se la requería para hacer de chaperona para ellos.

Parecía que Bowman hacia un concentrado esfuerzo para mantenerse lejos de Vanessa, no la ignoraba precisamente pero no la prestaba ninguna marcada atención. Su inicial interés en ella había desaparecido, lo que ciertamente no era una sorpresa. El tenía la belleza dorada de Natalie pendiendo sobre él, junto con la seguridad del poder y las riquezas que obtendría si se casaba con ella.

–Me gusta. –había dicho Natalie en privado, sus ojos azules brillando con excitación- Él es muy listo y divertido, y baila divinamente, y no creo haber conocido a nadie que bese la mitad de bien que él.
–¿El señor Bowman te ha besado? –preguntó Vanessa, luchando incluso por controlar su tono de voz.
–Sí. –Natalie hizo muecas picaras– Prácticamente tuve que arrinconarle en la terraza exterior, y él se rió y me besó bajo las estrellas. No hay duda de que me pedirá casarme con él. Me pregunto cuando y como lo hará. Espero que por la noche. Me gusta recibir proposiciones a la luz de la luna.


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Zanessa_fanny On 26/06/2010

Después de comerse una galleta se rindió un minuto o dos a cogerla encima, Vanessa calló a los niños nerviosamente y comenzó a leer.

Soy el Fantasma de la Navidad Presente, dijo el espíritu.”

“Mirarme


Mientras que Scrooge deambulaba con el segundo espíritu, y visitaban el humilde pero feliz hogar de Cratchits, Vanessa fue consciente de la delgada y oscura silueta de Zac Bowman que entraba en la sala. Fue hacia una esquina oscura y se paró allí, mirando y escuchando. Vanessa hizo una breve pausa por un momento y miró hacia él. Sintió un afligido apretón en su corazón, una oleada de ardiente necesidad y un sentido excepcional de estupidez al estar ella así sentada con una corona de papel. No tenia ninguna idea de porque Bowman había venido sin Natalie a escuchar la siguiente parte de la historia. O porque simplemente el estar en el mismo cuarto con él era suficiente para que su corazón comenzara a golpear como un telar mecánico.

Pero algo había pasado para hacerla comprender que él no era el mimado, cruel y estirado hombre que ella había creído que era. No completamente, de todos modos.

Y si esto resultara ser cierto... ¿tenia ella derecho a oponerse a su matrimonio con Natalie?

Durante los dos días siguiente Vanessa buscó la oportunidad de devolver el soldado de juguete a Zac Bowman, pero con la casa tan llena y la cercana llegada de la Navidad, la privacidad era algo difícil de obtener.


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Zanessa_fanny On 26/06/2010

Zac nunca vertió una lágrima… pero vi algo terrible en sus ojos, como si algo se hubiera destruido dentro de él. Tomé al soldado de infantería de mi mesilla de noche y se lo di. Él único soldado que quedaba. Y pienso… –tragó con dificultad y un brillo de lágrimas apareció en sus oscuros ojos marrones– Pienso que él lo ha llevado todos estos años como si fuera un fragmento de su corazón que deseó mantener a salvo.
Vanessa no se había dado cuenta de sus propias lágrimas hasta que las sintió resbalar por sus mejillas. Se las limpió precipitadamente, borrándolas con su manga. Su garganta estaba dañada y se la aclaró y cuando habló, su voz sonó oxidada.
–¿Por qué me lo dio a mí?
La condesa parecía extrañamente aliviada o tranquilizada, por sus muestras de emoción.
–No lo sé, Vanessa. Te lo dejo para que descubras su significado. Pero puedo decirte esto: no es un gesto superficial.

Después de recomponerse a si misma, Vanessa entró en la biblioteca con algo de aturdimiento. Todos los niños estaban allí, sentados en el suelo, comiendo galletas de azúcar y leche caliente. Una sonrisa tiró de los labios de Vanessa cuando vio a más niños apiñados debajo de la mesa de la biblioteca como si fuera una fortaleza.

Sentándose en una gran silla, abrió ceremoniosamente el libro, pero antes de que pudiera abrir el libro, un plato de galletas fue puesto en su regazo y una taza de leche le fue ofrecida, y una de las niñas puso una corona de plata sobre su cabeza.


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Zanessa_fanny On 26/06/2010

Algunas veces le escuchaba a escondidas sobre el pasillo, y sabia si él bajaba las escaleras o salía, solamente algunas veces para respirar libremente.

La condesa se detuvo brevemente mientras que se acercaban a la biblioteca.

–Detengámonos un momento... no son más de las ocho, y estoy segura los niños estarán todavía reunidos.
Vanessa movió la cabeza sin hablar.
–Una noche –continuó Lillian– Daisy estaba enferma y la dejaron en el cuarto de los niños. Tuve que dormir en otro sitio por si la fiebre era contagiosa. Estaba asustada por mi hermana y desperté en medio de la noche por un griterío. Zac me oyó y fue a preguntarme que me pasaba. Le dije que estaba preocupada por Daisy y por una pesadilla terrible que había tenido. Zac se fue a su habitación y volvió con uno de sus soldados. Un soldado de infantería. Zac lo puso sobre mi cama y me dijo: “Este es el más valiente y robusto de todos mis hombres. Él estará de guardia durante toda la noche y perseguirá todo lo que te preocupa y a los malos sueños.” – la condesa sonrió ausente por sus recuerdos– Y lo hizo.
–Que encantador –dijo Vanessa suavemente– ¿Esa era la importancia del soldado?
–Bien, no enteramente. Verás... –Lillian exhaló profundamente como si la resultara difícil continuar– Al día siguiente, el tutor le dijo a Padre que él creía que los soldados de juguete distraían a Zac de sus estudios. Padre consiguió librarse de todos ellos. Se fueron para siempre.





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