Una bonita palabra
3/14/09
Terminando mis últimos días de 28, en un estado mezcla alegría, mezcla tristeza, mezcla de mil y un sentimientos que me recorren todos y cada uno de mis pensamientos, jamás llegué a pensar sentirme así.
He llegado a una única conclusión en este tiempo: no puedo perseguir más la felicidad porque no existe permanentemente, son sólo estados.
Hace algún tiempo ya, cerca de dos años, una persona importante en mi vida me dijo:
- Que si soy feliz? Sabes? Yo no creo en la felicidad. Creo en los momentos felices. Cuando voy a cagar no pienso: Dios, qué feliz soy!!!
Aquello, por chabacano y ordinario que parezca, me dejó tocado en su día y es posible que desde aquel mismo momento empezase a darle vueltas a una verdad como un templo. La felicidad es quizá como una lotería, que aparece cuando menos lo esperas, que no puedes pretender perseguir, y que forma parte de algunos momentos de la vida, que es un plato agridulce que sólo algunos afortunados saben como digerir.
Y estaba ahí mismo, delante de mis narices y nunca he querido verlo, simplemente he preferido disfrazar y enmascarar algo que pintaba tan bonito como para ser cierto.
Hace dos años, al día siguiente de aquella conversación, en mi blog escribía lo siguiente:
Y antes de dormir otra pequeña conversación que me deja inquieto y pensativo. Y si estaba equivocado todo este tiempo? Y si tiene razón? Y si lo que anduve persiguiendo durante tanto en realidad no existe? Y si tan solo es un cuento chino de toda la vida? Y si soy un engañado más?
Pero, quién me dará la respuesta? El tiempo? Prefiero que no.
Por duro que sea, por mucho que no haya querido aceptarlo, el tiempo me ha dado esa respuesta
Por eso, a punto de cumplir 29 años, es cuando mi realidad se ha tornado más y más cierta y he tenido que aceptar el hecho de que ser feliz no es más que otro estado anímico.
Zack, o cómo sufrir otro estilo de crisis