6/14/06
El otro día, a eso de la medianoche, hubo un brutal y súbito apagón en mi casa. Cuando estaba intentando buscar algún tipo de iluminación, un potente trueno hizo retumbar las paredes y de pronto se abrió el techo, dejándome bajo una espectacular acumulación de nubes rojas que escupían fuego y azufre. Sin tiempo para recuperarme, una explosión de luz me cegó y me obligó a postrarme en tierra. Cuando levanté la vista temeroso, pude ver ante mí la imagen transfigurada del Único y Altísimo San Panete, mirándome intensamente. La sangre me latía intensamente en las sienes, las manos me temblaban y el corazón parecía que se me iba a salir del pecho. Traté de decir algo, pero mis labios fueron incapaces de emitir sonido alguno. En ese momento, San Panete me puso la mano en el hombro, me llamó por mi nombre y me confió los tres grandes secretos de la Humanidad, bajo promesa de no revelarlos jamás. Acto seguido, volvió a elevarse a los Cielos envuelto en un halo de luz mientras yo le observaba hipnotizado (momento que refleja la imagen). Cuando desapareció, caí en un profundo letargo del que no desperté hasta el amanecer.
Lo que yo diga... demasiado tiempo libre