hola!! esta foto me gusto asi que la puse :P nada que contar...solo esperando que todo se solucione pronto y salga todo bien.... cuidense mxo y nos estamos viendo tauu
Cuentan que en Gales un muchacho se enamoró de una joven de piel blanca y ojos azules que vio cerca de un lago. Como era muy tímido, se le acercó y le ofreció un trozo de pan, pero la joven lo rechazó diciendo que estaba duro. El muchacho se fue a su casa y le preparó un pan aún más blandito, pero la joven le dijo que era demasiado blando. Por tercera vez volvía el muchacho con su pan, esta vez en su punto, pero ya no estaba la joven. En su lugar le esperaba un anciano, que lo llevó a su casa y le enseñó a la joven del lago y a otra idéntica a ella: “si adivinas cuál es la que conoces, podrás casarte con ella”, pero era exactamente iguales.
Se fijó entonces en sus pies y reconoció el cordón de sus zapatos. El padre se la agregó y le puso una condición: “si golpeas a mi hija una sola vez volverá conmigo”.
Fueron felices y tuvieron tres hijos. Un día, estando en un entierro, la joven se puso a reír a carcajadas. El marido le pidió que parara, pero ella no comprendía por qué no debía reír. Enfadado, su marido le dio un fuerte empujón. A la joven se le llenaron los ojos de lágrimas y desapareció para siempre, aunque, durante años, volvió a escondidas a visitar a sus hijos.
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Historias de Hadas del Agua: Gwragedd Annwn.
Cuentan que en Gales un muchacho se enamoró de una joven de piel blanca y ojos azules que vio cerca de un lago. Como era muy tímido, se le acercó y le ofreció un trozo de pan, pero la joven lo rechazó diciendo que estaba duro. El muchacho se fue a su casa y le preparó un pan aún más blandito, pero la joven le dijo que era demasiado blando. Por tercera vez volvía el muchacho con su pan, esta vez en su punto, pero ya no estaba la joven. En su lugar le esperaba un anciano, que lo llevó a su casa y le enseñó a la joven del lago y a otra idéntica a ella: “si adivinas cuál es la que conoces, podrás casarte con ella”, pero era exactamente iguales.
Se fijó entonces en sus pies y reconoció el cordón de sus zapatos. El padre se la agregó y le puso una condición: “si golpeas a mi hija una sola vez volverá conmigo”.
Fueron felices y tuvieron tres hijos. Un día, estando en un entierro, la joven se puso a reír a carcajadas. El marido le pidió que parara, pero ella no comprendía por qué no debía reír. Enfadado, su marido le dio un fuerte empujón. A la joven se le llenaron los ojos de lágrimas y desapareció para siempre, aunque, durante años, volvió a escondidas a visitar a sus hijos.