10/26/09
Al poseerse, los amanates dudan.
No saben ordenar sus deseos,
Se estrechan con violencia,
Se hacen sufrir, se muerden
con los dientes los labios,
Se martirizan con caricias y besos.
Y ello porque no es puro su placer,
Porque secretos aguijones los impulsan
a herir al ser amado, a destruir
la causa de su dolorosa pasión.
Y es que el amor espera siempre
que el mismo objeto que encendió la llama
que lo devora sea capaz de sofocarla.