11/14/09
-Ponte los pendientes.
-Quiero que me lo ponga usted- no se me habría ocurrido pensar que pudiera llegar a ser tan descarada.
Ni el tampoco. Levantó las cejas y abrió la boca para decir algo, pero no le salieron las palabras.
Se acercó a mi silla. Se me agarrotó la mandíbula, pero conseguí mantener la cabeza en su sitio. Se agachó y tocó suavemente el lóbulo de mi oreja.
Yo jadeé, como si hubiera estado conteniendo la respiración bajo el agua.
Frotó el lóbulo inflamado entre el pulgar y el índice y luego lo estiró. Con la otra mano introdujo el pendiente en el agujero y lo empujó. Me sacudió un dolor ardiente y se me llenaron los ojos de lágrimas.
Él no quitó la mano. Sus dedos me rozaron el cuello y la mandíbula. Siguió la curva de mi cara hasta el pómulo y entonces con el pulgar bloqueó las lágrimas que habían empezado a rodar por mis mejillas. Me pasó el dedo por el labio inferior. Yo lo lamí. Sabía a sal. Cerré los ojos.
(L)
estoy flipando con ese pedazo de texto-dialogo maja