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. Durante una eternidad. Quizá quince o veinte segundos, hasta que Cecil había salido de la sala como un basilisco y la tía Jemima, llorando lastimeramente, se había precipitado a abrazar a Robbie y decirle que amaba a los pequeñuelos, los amaba de corazón, pero estaba demasiado vieja y cansada para encargarse de sus cuidados cotidianos. Robbie le había devuelto el abrazo, asegurándole que podría ir de visita, para verla a ella y a los niños, cuando quisiera. Cuando pudo volver su mirada hacia Diego, este estaba al fondo de la sala conversando con el duque de Bewcastle y el conde de Luff y tenía de nuevo su habitual aire abstraído y hosco, acentuado por el uniforme.
No se demoró ni un instante. La tía Jemima le acababa de informar que los niños estaban en la taberna de la planta baja en compañía de dos doncellas de las Tres Plumas. Salió corriendo escaleras abajo, bajando los escalones de dos en dos de una manera impropia de una dama, y entró como una exhalación en la taberna donde los levantó en vilo, uno detrás de otro, riendo y haciéndolos girar en torno a ella. No recordaba muchos momentos más felices de su vida.
—Me parece —le diría más tarde Diego a Becky— que te acuerdas de tu papá, ¿a que sí? Siempre será tu padre aunque ya no pueda estar contigo. Yo estoy aquí en su lugar, para cuidar que siempre estéis a salvo y a resguardo y porque recibáis el cariño y la educación necesarios para que te conviertas en una verdadera dama y tú, Davy, en un perfecto caballero.
— ¿Cómo te tengo que llamar? —le preguntó Becky.
Lo había cogido por sorpresa, advirtió Robbie. Diego levantó las cejas.
—Humm… —dijo—. Veamos… Mi mujer es la tía Robbie, así que supongo que yo seré el tío Diego.
Sonaba absurdo. Tan absurdo que Robbie se echó a reír. ¿Quién lo hubiera podido imaginar? ¡El coronel lord Diego Bedwyn proponiendo a dos niños abandonados que lo llamaran tío Diego! ¡Cuánto lo amaba! Pero la sola idea le resultaba dolorosa, de modo que se agachó para sonreír de nuevo a Becky.
Diego se iba a ir al día siguiente.
El duque de Bewcastle había aceptado una invitación para pasar la noche en Ringwood. "Cualquier cosa, había dicho con su tono suave y altanero de siempre, antes que volver a las Tres Plumas" y, a juzgar por la cara del hostelero cuando lo había visto entrar en la posada situada bajo las salas de asambleas añadió su excelencia, ese personaje ilustre compartía su punto de vista.
Robbie estaba admirada y perpleja por su visita, pero no había pensado mucho en el tema hasta que entró en la sala de estar justo antes de la cena y se lo encontró solo, sin rastro de Diego.
El duque nunca le había gustado. Al mismo tiempo, como reconoció en ese preciso momento, le tenía miedo, como todos los que estaban en su órbita. Pero nunca se había dejado intimidar. En esta ocasión resistió el impulso de inventar una excusa y desaparecer de la sala o ponerse a hablar de frivolidades.
En lugar de ello, cruzó lentamente la estancia con los brazos extendidos. Bewcastle no tuvo más opción que cogerle las manos lo que hizo con expresión de ligera sorpresa y algo embarazado.
—Gracias —le dijo—. Desde lo más profundo de mi corazón, gracias. —Le apretó las manos antes de soltarlas. Tenía los dedos más finos y largos que los de Diego, y una sortija en cada mano.
—No soy consciente de haberle prestado un gran servicio, lady Diego.
—No sé cuánto tiempo estuvo de pie antes de tomar la palabra —dijo ella—, pero probablemente comprendió que el veredicto estaba complicado, que el conde parecía más inclinado a confirmar su decisión de otorgarle la custodia a Cecil que a devolverme a los niños. Fueron sus palabras, Bewcastle, las que inclinaron el fiel de la balanza. Más que sus palabras, su presencia.
—En ese caso, me alegro de haberle sido de alguna utilidad.
— ¿Por qué ha venido? —Quería dar media vuelta, sentarse y distraerse con algo. La mirada directa de aquellos ojos plateados era en el mejor de los casos desconcertante. Pero se quedó sentada donde estaba, a medio metro de él—. No habrá sido por los niños. No puede sentir más que indiferencia por los huérfanos de un tendero. No habrá sido por mí. Como mucho me tolera, si es que no me desprecia, según creo, y le molestó sobremanera mi insistencia en perderme la cena en Carlton House. De modo que lo habrá hecho por Diego.
—Es reconfortante estar ante alguien que me conoce tan bien que puede contestar a sus propias preguntas en mi lugar y así ahorrarme el esfuerzo de idear las respuestas.
Robbie sonrojó ante ese reproche altivo.
— ¿Por qué ha venido?
—He venido porque soy el jefe de la familia Bedwyn y siempre he considerado mi deber preocuparme por sus miembros. Es usted uno de ellos y lo seguirá siendo, por mucho que defienda su independencia y por mucho que insista en que Diego se vaya para no volver cuando concluya su permiso. Me parecía que, quizá, hiciera falta mi influencia, la cual, como habrá visto, es notable. Por eso he venido.
— ¿De modo que ha venido por mí? — Robbie frunció el ceño. Parecía un hombre demasiado frío para actuar solamente por cortesía. Pero no había sido cortesía. Lo acababa de decir él mismo: lo había empujado su sentido del deber. Al igual que en el caso de Diego, su móvil principal era el deber. En muchos, sentidos los dos hermanos se parecían. Y, a pesar de todo, no eran amigos.
El duque inclinó ligeramente la cabeza.
— ¿Qué ha ocurrido entre usted y Diego? —Preguntó Robbie —. ¿Por qué se han distanciado tanto? Son semejantes en edad y temperamento. —Eso no era exactamente cierto. Detrás de la reticencia de Diego se escondía el fuego; detrás de la del duque el hielo—. Los dos dan más importancia al honor y al deber que a cualquier otra cosa. ¿Por qué se han distanciado tanto?
Bewcastle con las cejas enarcadas y el monóculo en la mano, la dejó helada con la mirada de sus ojos claros. Comprendió que se había refugiado tras una de sus máscaras más impenetrables y se preguntó si detrás de ellas habría un hombre de carne y hueso.
—Los hermanos no tienen por qué ser expansivos a su manera galesa, señora, ni abrazarse, ni llorar sentimentalmente cada vez que se separan, se disputan y se reconcilian, ni hablar con intensidad de sus sentimientos mutuos en un lenguaje florido y pasional. ¿Debe de haber necesariamente un problema entre ellos si se comportan con un comedimiento más inglés?
Robbie había tocado un punto sensible, y él la había fustigado con sus frías palabras y con un desprecio manifiesto por sus compatriotas. Pero ella le había tocado un punto sensible.
— ¿De modo que lo ama? —preguntó.
—Está usted usando un vocabulario muy femenino lady Diego. Amor. ¿Qué es el amor más que un concepto abstracto que ni siquiera puede definirse, salvo respecto a una acción? Diego es un Bedwyn. Es mi hermano y, a menos que yo engendre un hijo y hasta que lo haga, es mi heredero. Su vida es tan importante para mí como su… felicidad. Daría mi vida por él si fuera necesario recurrir a un gesto tan extremo y dramático. ¿Es acaso amor? Decida por sí misma.
HASTA AHI
me encantooooooooooooo!!!!!!!!
te recomiendo y te seguire recomendandoooo!!!!!!!
nicole sos lo mas garcioso del mundo con la cam!!!!!
besos
aniii!!!
hay dulcecita
con su gorrita morada!!
que belleza de hadita!!!
muy lindo tu flog!!!
que andes de 10
gracias por tu buena onda!!!
besos
cudiate
chaucito
sho una dulce rebelde
ESTA HERMOSA LA FOTO DE DULCE
TE DEJO MI MSN MAYRA_070589@HOTMAIL.COM
CAMBIO FOTOS
ESPERO TU FIRMA
PASAS POR MI OTRO FOTOLOG
http://www.fotolog.com/mai_uckerforever
BYE
Linda foto amor,
perdoe-me estar passando aqui de novo no copia e cola
eu realmente estou MUITO cansada hoje e quero ir durmir D:
juro que amanha volto a ler os posts *-*
Beijo e ótima semana!
que confusion eh el duque si que confunde a cualquiera.....seguola...me encanta la web...........grax por pasarte
ola como las vacaciones??
ayer no pude devolver todas las firmas porque fotolog se puso en reparacion y no me dejo, pero hoy las devuelvo: las de ayer y las hoy jeje
muchas gracias por pasarte a leer mi web y dejar comentario
intentare subir a menudo en estas fiestas :)
preciosa foto!!!!!!!! me tienes con la intriga, no puede ser!! jeje sigue pronto
un beso enorme y cuidate mucho!!!!!
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Él no contestó enseguida y Robbie levantó los ojos sin querer buscando su mirada. Lo más seguro era que se fuera al día siguiente con más razón ahora que su hermano estaba en Ringwood con una carroza privada con la que regresar. No tenía ningún motivo para quedarse. Lo había comprendido desde el día de su victoria, que le había hecho flojear las piernas de euforia. Una euforia que tuvo su eco en el inmenso júbilo con que los espectadores acogieron el veredicto del conde. Pero había sido una alegría agridulce. A la mañana siguiente se iría Diego.
Y, a pesar de todo, le había sonreído.
No había sido solo una expresión de sus ojos, como la que había interpretado como una sonrisa en el baile de Bedwyn House. En esta ocasión se había tratado de una sonrisa plena, radiante, con las comisuras de la boca apuntando hacia arriba y pliegues en el borde de los ojos, una sonrisa que le había iluminado todo el rostro. Toda la dureza, adustez y frialdad de su rostro había desaparecido como por ensalmo y cambiado a una expresión luminosa y cálida, hermosa y risueña.
Inexplicablemente, había sido un momento de mayor intimidad entre los dos que cualquiera de sus relaciones sexuales. De su más profundo interior había salido algo, una alegría más brillante que el sol, y la había envuelto, la había estrechado con mayor firmeza que sus brazos.
O eso le había parecido. Quizá fuera solo una sonrisa.
Le había sonreído.