11/6/09
YAAAAAAAAAAA que feliz so¡
QUE BIEN ME SIENTO!
Por: Gaby Vargas
Qué le parecería escalar una montaña altísima y, al llegar a la cima, en lugar de felicitarse y celebrar su logro, de inmediato se propusiera localizar otra montaña aun más alta Entonces, usted se empecinaría en continuar el viaje, concentrado sólo en lo que le falta por recorrer... Al llegar a la siguiente meta, sin disfrutar ni un momento, se prepararía para el siguiente reto ¿Qué tal que usted decidiera pasarse la vida así, saltando de un reto a otro, sin tomarse el tiempo necesario para alegrarse con sus triunfos? ¿Absurdo, verdad?
Esto es lo que, muchas veces, hacemos con la aceptación personal de nuestros logros: la posponemos.
Es muy probable que alguna vez se haya dicho: "Me voy a sentir bien conmigo mismo cuando... suceda esto a aquello. Por ejemplo, cuando baje 10 kilos de peso, cuando me reciba, cuando pase el examen, cuando inicie mi propio negocio, cuando consiga pareja o cuando ya no tenga deudas, cuando publique el libro o se casen mis hijos, en fin... Y cuando conseguimos lo anhelado, ¿qué sucede? Nos damos cuenta de que nos sentimos igual que antes, o muy parecido. Es impresionante pero la felicidad, la satisfacción o la seguridad que imaginamos casi nunca llega con el logro. O, peor aún, sentimos eso que en sicología se llama "fenómeno del impostor", en ese momento nos da por pensar que: "sólo fue un golpe de suerte", "fue por casualidad", "gracias a que fulano me echó la mano, de lo contrario no lo hubiera logrado". Sentimos que, de alguna manera, no somos merecedores del triunfo, ¿por qué?.
Nos daña muchísimo vivir posponiendo la felicidad por imaginar logros y metas. Primero, porque pasamos por alto el gozo y el disfrute por lo alcanzado. Segundo porque, al no reconocernos, entramos en un círculo vicioso en el que nuestra confianza para iniciar nuevos proyectos se debilita y, en consecuencia, surgen los miedos. Miedo a equivocarnos, miedo al ridículo o al fracaso. Y muchas veces vivimos con la esperanza de que, algún día, ese miedo va a desaparecer por arte de magia. La realidad es que no es así y, de hecho, sucede lo contrario.
A veces, por educación, también evitamos hablar bien de nosotros mismos. De niños, nos dejaron tatuado en la conciencia que era mejor ser humildes que presumidos. Pensamos que al reconocer o expresar nuestros logros y valores estamos alimentando al ego y a la vanidad. ¡No es del todo cierto! Para nuestro sano desarrollo como personas, el reconocimiento personal es tan indispensable como comer.
Es un hecho que no podemos condicionar nuestra confianza a las cosas externas. Entonces, ¿de dónde obtenemos esa confianza? De adentro, de reconocernos capaces para enfrentar cualquier reto, de la determinación, del compromiso, de la seguridad que podamos desarrollar para saber que, sin importar lo que se nos presente, sabremos enfrentarlo.
Para cultivar esta actitud es importante reconocer cada esfuerzo y logro que tengamos, por más pequeño que sea. Puede ser tan sencillo como haber fumado menos, controlar nuestro carácter, lograr una venta, no comer postre, no criticar a nadie, levantarnos a hacer ejercicio... Es muy importante porque en la medida que sometemos nuestra voluntad y vemos avances, la confianza crece.
¿Con cuantas ideas podríamos completar la frase: "Me sentiré bien conmigo mismo cuando...?" Qué le parece si tratamos de cambiar y hacemos lo siguiente:
1. Empezar a decirnos frases como: "Qué bien me siento, soy una persona honesta, he estado muy cariñoso(a) con mi pareja, estoy ahí cuando mi amigo me necesita, soy muy profesional, todos los días me levanto a hacer ejercicio", en fin... Es muy significativo darnos una palmadita en la espalda porque nos anima, nos estimula y nos hace sentir más confianza en nosotros mismos.
2. Vamos a vernos reflejados en el espejo de la sinceridad para reconocer nuestros miedos al emprender nuevos retos. Tener miedo a fracasar no quiere decir que algo está mal en nosotros, simplemente significa que somos seres humanos. Lo importante es reconocerlo y decidirnos a actuar a pesar de todo.
3. Hagamos un comercial de nosotros mismos. En unas cuantas frases describamos nuestras cualidades y, como si se tratara de un anuncio que escuchamos en el radio, tratemos de repetirlo, en nuestra cabeza, varias veces al día. No esperemos a bajar 10 kilos de peso, a recibirnos, a conseguir pareja o a saldar deudas para sentir más confianza. Sobre todo, el día que llegue el triunfo, aprendamos a disfrutarlo. Recordemos estas líneas de Zig Ziglar: "Ni la montaña más alta, ni el océano más profundo, ni el animal más poderoso pueden creer... sólo el hombre puede creer". Creamos en nosotros mismos, confiemos en nuestra habilidad para sacar las cosas adelante, enfrentemos nuestros miedos y, sólo así, vamos a lograr decir: "Qué bien me siento conmigo mismo... hoy".
(:
HOLA q=D
ERES BIEN CHOCANTILLA
Y COMO SEA SOI TU FANS
PAZ...