8/29/09
En un pozo de naranja hay un ácido particular. No os preocupéis señora, no lloréis señor, este ácido se comparte sin resguardo de sabor. Se derrocha, se derrocha, como mil quejas en un día húmedo, como un millón de besos en un aeropuerto.
En un doblez de hoja hay una sombra delgada, delgada. Tan delgada como la hija del primer ministro, que no tiene hijas para evitarse la molestia. No os preocupéis señora, no lloréis señor, los niños ya vienen a matar la sombra, a explotar el globo y a acariciar al gato.
En un charco hay una hoja doblada sin sombra, húmeda, besada, y ácida. El gato se levanta, muerde a un niño y besa a un avión. No os preocupéis niño, llorad señor, que si se fija en el agujero de la naranja está la susodicha señora cometiendo aquel pecado que usted tanto ha fantaseado; pero, ¡oh mirad! No es su hermano, ni su mejor amigo, sino su tía. Desgraciada.
Cada vez hay más fotos de balcones