9/12/07
Asomado a la ventana pensó con agrado en su futuro inmediato, y decidió que todo estaba bien y que era previsible que todo siguiese así. No había en el horizonte nada que fuese a alterar el buen orden de las cosas. Todo lo tangible estaba medido, todo lo volátil, atado. Y entonces, mientras distraído observaba la calle, vio a través de la ventana a una mujer desconocida, que parada en la acera y alzando el bello rostro, parecía dirigir sus ojos directamente hacia él.