Fear of the Dark
6/10/09
Un recital siempre tiene varios ingredientes que lo hacen llevadero o no.
Primero y principal, que la banda de turno sea de tu agrado. No es lo mismo verlos por primera vez en vivo, que sea algo cotidiano ir a sus shows o ir solo por compromiso.
Por otro lado, que no haya nada técnico que arruine la velada. Buen sonido, buen clima dentro del lugar y que la relación publico/banda sea recíproca. Buena predisposición arriba del escenario equivale a aplausos, a coros de todo aquel que se anime a cantar y ganas de que ninguna de las partes tenga que irse.
La puesta en escena es algo diferente. Hay artistas a los cuales los acompañan luces, escenografías y otros componentes que suman a la hora de que el espectáculo sea un show particular. Sino, preguntale a varias bandas inglesas que del tema saben como pocas. Y hay otros donde un escenario pelado pasa inadvertido.
Ahora, ir a un show a oscuras no es algo que suceda muy a menudo ni a lo que muchos artistas se animen. La cita era particular y la curiosidad siempre gana.
Mataplantas se presentaba en el Centro Argentino de Teatro Ciego. Hace poco sacaron disco, “Escape del Planeta Viviente”, el tercero en su carrera y más de uno con ganas de verlos se preguntaba: “pero… ¿voy a aguantar sin ver nada? ¿Las luces van a estar apagadas o me van a vendar los ojos? ¿Ellos tampoco van a ver? No puede ser, algo de luz va a haber…”
La cosa era así. Oscuridad absoluta. Y no porque ellos fueran una banda oscura, sino porque las luces no se harían presentes. Un desafío para todos, publico inclusive.
Hora pactada: 30 minutos después de medianoche. Zelaya 3006. Termina la obra previa y la gente se agolpa cerca de la sala, ese único lugar donde el frío no tiene entrada.
La travesía comenzaba. Había que ingresar en grupos de a 10 personas, en fila, tomados de los hombros del que estuviera al frente mientras la luz quedaba atrás de un telón.
Seguías derecho, sobre “un piso liso, sin pozos” como te indicaba el guía. Las sillas estaban perfectamente alineadas y lo que pensabas que iba a ser a oscuras… era más oscuro de lo que te esperabas.
Silencio sepulcral. La gente, todavía en grupos de 10, seguía entrando. Hasta que todos estaban acomodados y se comenzó a sentir una brisa. El show había empezado y sus particulares ingredientes también.
Harmónicas, cascabeleros y los sentidos bien afilados. La lista de temas, de manera indefectible, tenía que quedar solo en la cabeza de los músicos y de los oyentes: “¿Cuál era la 9?” se pregunta uno de ellos y solo por el timbre de su voz podes intentar imaginar quien hablaba.
El juego de voces que armaron, junto con los diversos sonidos, recorrían cada rincón del lugar. Y en una situación así, esta mas que claro que la paranoia también estaba invitada... Era como sentirse rodeado y que cada uno de los Mataplantas estuviera repartido por toda la sala
“Capitán Mandarina” y un sutil, pero real, olor a cítrico tomaban el mando de la situación. Junto a “Don, Don, Don”, “La Flor” y “Chutazo de amor” fueron algunos de los temas que presentaron de su mas reciente material.
De repente, se hizo la luz. Tenue pero suficiente para darse cuenta de que no había ningún truco escondido. Estaban ahí, sentados al lado tuyo, con la guitarra acústica, un micrófono y una energía que no venia desde lo eléctrico.
Conviene que todo quede en el silencio de la oscuridad… porque no sabes muy bien que paso, pero fue rápido y te gusto.