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Se disuelve, reaparece, se disfraza de otras causas, reina de mascaras domina bien su arte, tanto que la lagrima ya ni sabe lo que llora. Cede el paso a las bienvenidas y entre ellas se oculta, asi le confiere un tono disonante, menguando la euforia, realzando la prudencia.
No se deja de vivir ni se ama menos: simplemente hemos descubierto la transitoriedad de todas las cosas. Entonces se abandona el culto a la memoria definitivamente.
Un paso determinante es alejarse de la trampa del eterno presente de los recuerdos.
No hay nada mas infructuoso que despedirse continuamente...
gasss