11/22/09
Él, porque esta historia está en tercera persona, aún sentía cómo se le retorcía el alma cada vez que miraba las fotos antiguas de su extinta juventud. Se esforzaba por pasar esa página que se le había quedado pegada en el corazón, pero cuanto más empeño ponía en olvidar el pasado más se aferraba el pasado a su presente.
Él, en tercera persona, recordad, no sabía por qué miraba hacia arriba cada vez que pasaba debajo de la ventana en la que ella siempre le decía "adiós" con la mano y "vuelve pronto" con la mirada.
Tampoco sabía por qué seguía mirando hacia abajo en su ventana todos los sábados por la tarde, si sabía perfectamente que ella no iba a aparecer por la esquina y a desaparecer luego en el portal, siempre abierto, para llamar segundos después al timbre de la puerta.
Él sabía que esos inolvidables sábados por la tarde a su lado se habían convertido en fríos domingos por la mañana en soledad pero le costaba aceptarlo.
Él, no olvidemos la tercera persona, no sabía vivir sin ella.
A veces, paso por debajo de su ventana los sábados por la tarde, y le veo ahí, esperando a que ella aparezca. Normalmente me quedo apoyado en la pared de enfrente durante un par de horas hasta que veo como se enjuaga una lágrima y se resigna una semana más aceptando que no será ese sábado por la tarde cuando ella decida volver.
Entonces llamo a su puerta y, como sabe que soy yo y no ella el que ha llegado, me recibe con una alegría que me hace dudar de si realmente es el mismo Él al que estaba observando hace unos minutos.
Y así otro sábado por la tarde se convierte en un domingo por la mañana.
Me quema el silencio
me quita la vida
me quieres, te quiero,
te vas y me olvidas
Y yo como un tonto
te sigo esperando
te pienso olvidar
pero aún no sé cuándo
Vete, olvídame
suplico sin fuerzas
aún vivo en los momentos
de los que tú ya no te acuerdas
Todas las semanas
cuando creo que te he olvidado
vuelves a mi cabeza
Domingo por la mañana
el mundo aún no se ha acabado
y a mí me mata la tristeza.
Que buen texto!!!!
Vicky...