7/13/09
Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Pecado mío, alma mía. Lo-li-ta: la punta de la lengua emprende un viaje de tres pasos desde el borde del paladar para apoyarse, en el tercero, en el borde de los dientes. Lo.Li.Ta.
Era Lo, sencillamente Lo, por la mañana, un metro cuarenta y ocho de estatura con pies descalzos. Era Lola con pantalones. Era Dolly en la escuela. Era Dolores cuando firmaba. Pero en mis brazos era siempre Lolita.
¿Tuvo Lolita una precurosara? Naturalmente que la tuvo. En realidad, Lolita no hubiera podido existir sin mí si un verano no hubiese amado a otra niá iniciática. En un principio junto al mar. ¿Cuándo? Tantos años antes de que naciera Lolita como tenía yo ese verano. Siempre puede uno contar con asientos para na prosa fantástica.
Señoras y señores del jurado, la prueba número uno es lo que los serafines, los errados, siemples y noblemente alados serafines envidiaron. Mirad esta mañana de espinas.