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empezó a lavarle el cuello y los hombros, cuidando de no mojar los vendajes. Zac suspiró y se relajó, sin molestarse por ocultar el placer que le suponía el agua fresca sobre su piel.
—Eres buena en esto —murmuró él. Ella no respondió. Zac movió los brazos cuando Vanessa los separó de sus costados— Dime algo. Hace mucho tiempo que no escucho la voz de una mujer.
—¿Qué quieres que te diga?
—Cuéntame cómo han sido para ti los últimos meses.
—Tu familia se ha comportado muy bien conmigo —dijo— Mi vida aquí ha sido tranquila y pacífica. Hasta que llegaste.
Él sonrió.
—Los problemas parecen seguirme como las abejas a la miel.
—Espero que te vayas pronto y te los lleves contigo.
—Dios, eso es lo que quiero. —Tocó el vendaje que le cubría el rostro— ¿Cuándo podré quitarme esto?
—No lo sé. Los ojos suelen ser lo primero en curar.
Zac acarició el vendaje con los dedos.
—¿Las heridas eran muy malas? —Su voz adquirió seriedad— ¿Cuánto tiempo tendré que llevarlo?
—No soy médico.
—Sabes lo suficiente para suponer.
Ella no podía ofrecerle una suposición, no cuando cabía la posibilidad de que no volviese a ver nunca más.
—Necesitas tiempo y descanso —respondió— Eso es lo único que puedo decirte.
Zac se quedó inmóvil, como si pudiese leerle la mente.
—¿He perdido un ojo? ¿Los dos, tal vez?
—No sé cuánta visión tendrás. Tendremos que esperar para...
—... que lo descubra por mi cuenta, ¿es eso? —Metió los dedos por debajo del vendaje y empezó a retirárselo.
Vanessa lo miró horrorizada y le sujetó las manos.
—¡Zac, detente! Zac...
Él se libró de ella con impaciencia.
—No; es demasiado pronto. ¡Te harás daño! —Ella volvió a la carga, hablando en francés, intentando en vano detenerle. Incluso débil y convaleciente era capaz de mantenerla a distancia. Las vendas cayeron al suelo.
Zac intentó abrir los ojos y su cabeza se llenó de una explosión blanca y caliente. Gritó algo incomprensible y se cubrió la cara con los brazos. Oyó ligeramente la voz de Vanessa sobre sus maldiciones.
Ella sintió pánico y corrió hacia él.
—Oh, eres un estúpido cabezota, ¡es demasiado pronto para que veas nada! ¡Detente, vas a hacerte daño!
Sintió la mano de Vanessa en la cabeza y se la apartó, enloquecido por el dolor. Ella insistió en apartarle las manos de la cara y le cubrió los ojos con una toalla. Noeline entró en la habitación al oír el alboroto al pasar por el pasillo. Sus oscuros ojos se hicieron cargo de la situación en un segundo. Vanessa la miró enérgica.
—Un sedante —dijo, consiguiendo parecer calmada— Rápido.
Sin mediar palabra, Noeline fue al tocador y vertió agua fresca en un vaso. Zac gruñó como si le hubiesen extraído los globos oculares.
—Quieto —le susurró Vanessa al oído, obligándole a apoyar la cabeza sobre su suave hombro. Era el único modo de evitar que hiciese más daño— Te lo mereces... ¡Te dije que no te quitases las vendas! Si deseas volver a ver, ¡tendrás que descansar y dar tiempo a que curen tus ojos!
—Apártate de mí... zorra sin sentimientos... —dijo él entre jadeos, pero siguió rodeándole la cintura con el brazo como si ella fuese su único refugio.
A ella le quemaba su aliento a través de la tela del vestido. Agarró un extremo de la sábana y le cubrió con ella el cuerpo desnudo sintiéndose su protectora. Algo ridículo, pues Noeline lo conocía desde que había nacido.
Noeline le trajo el preparado para dormir y Vanessa tomó el vaso con la mano libre.
—Zac, bébete esto.
—¿Qué es? —masculló él.
—Algo que te ayudará. —Le colocó el vaso en los labios y parte del líquido le cayó sobre los pechos.
Él se atragantó un poco y maldijo.
—No, maldita sea...
—Bébete esto ahora —replicó ella con voz suave pero autoritaria.
Bebió el contenido del vaso en un par de tragos, sin importarle que le chorrease un poco por la barbilla. Mientras Zac tragaba, Vanessa miró a Noeline desesperada.
—Por favor, trae algo de ese bálsamo que preparas para los ojos. Y más trapos de lino.
Noeline frunció el entrecejo al observar a la pareja sobre el lecho, como si pensase que aquellas dramáticas escenas fuesen demasiado para su limitada paciencia.
—Oui, madame.
Vanessa dejó el vaso en la mesita y observó la oscura cabeza que mecía contra su hombro. Zac estaba inmóvil y respiraba con agitación. Ella sólo podía suponer su sufrimiento. Él se dejó caer contra su pecho, después se alzó para intentar luchar contra la pérdida de conciencia. La rabia de Vanessa se vio atemperada por una nueva oleada de
ternura.
Zac era como un animal grande y malhumorado que se rebelaba cuando le ofrecían ayuda.
—Zac —dijo ella con voz dulce, acunando su cabeza— No pasa nada. Ahora descansa.
—No quiero quedarme ciego —masculló— No quiero... que tengan que llevarme...
—No; te pondrás bien —canturreó ella— Ahora tranquilo. Tranquilo. —Prosiguió murmurando palabras tranquilizadoras hasta que notó su respiración más pesada. Se durmió apoyado contra ella, con el brazo colgando alrededor de su cintura.
Lo mantuvieron sedado todo el día siguiente, pues pensaron que era el único modo de mantenerlo tranquilo y permitir que sus heridas sanasen más.
—No nos pondrá las cosas fáciles —dijo Lysette con pesar— Es posible que hayas visto pacientes malos en el pasado, Vanessa, pero te aseguro que Zac demostrará ser el peor.
Zac estaba demasiado atontado para resistirse, así que Lysette y Vanessa le administraron otra pequeña dosis de láudano.
Por desgracia, cuando finalmente recobró la conciencia, quedó claro que la predicción de Lysette había sido plenamente acertada. Estaba de un humor de perros, cada palabra que decía parecía un escupitajo. Incluso se mostró ofensivo con Lysette.
—Tráeme algo decente para comer —gruñó— No quiero esta comida para cerdos.
—Todavía no puedes comer de forma normal.
—¡Entonces no me traigas nada! —Para reforzar su negativa, levantó el pequeño cuenco con caldo con la mano buena y lo lanzó al otro extremo de la habitación.
Lysette salió de allí hecha una furia, y poco después envió a una asustada criada para que limpiase el desaguisado.
Zac se llevó la mano a las doloridas costillas cuando oyó a la sirvienta limpiando la habitación. Le dolía la pierna. También el hombro y un costado. Pero lo peor era el penetrante dolor de cabeza, un dolor que parecía profundizar un poco más con cada latido de su corazón. Cuando se había quejado de ello horas antes, Noeline le había ofrecido sedarlo un poco más, y él la había maldecido y echado de la habitación. No quería dormir más. Quería salir de la cama y caminar, quería que la cabeza dejase de dolerle, y por encima de todo quería escapar de aquella implacable oscuridad.
—Tú —le espetó a la sirvienta— Acaba de una vez y llévale un mensaje a madame Val... a Vanessa. Dile que no podrá esconderse de mí para siempre. —Se detuvo, pensando que el mensaje podía no ser lo bastante explícito para traerla a la habitación— Y dile que se me ha caído el vendaje del costado.
Transcurrieron unos tortuosos diez minutos hasta que oyó los pasos de Vanessa y olió su dulce fragancia.
—Te has tomado tu tiempo —refunfuñó.
—Tus gritos y maldiciones han disgustado a la gente de la casa —respondió ella fríamente— Noeline no deja de mascullar algo relativo a los maleficios, Lysette está roja como un tomate, y los niños están convencidos de que tenemos a un monstruo encerrado en esta habitación.
—¡Váyanse todos al infierno!
—¿Qué le pasa a tu vendaje? —Se inclinó sobre él y deslizó la sábana lo suficiente para observarle el costado— No se ha caído. —Apreció las profundas arrugas formadas en la frente de Zac y suavizó la voz— Te duele la cabeza, ¿verdad? Después de tu rabieta no me extraña. Voy a cambiarte la almohada.
Él gruñó para asentir. Con cuidado, ella le alzó la cabeza, sacó la almohada aplanada y la reemplazó por una nueva. Rodeó la cama alisando las sábanas, después abrió la ventana para que entrase un poco de brisa fresca en la habitación.
—¿Tienes sed?
—¿Sed? No quiero que me des ese líquido asqueroso cada vez que...
—¿Quieres que te lea?
—No. —Se llevó una mano a la frente, exasperado por el dolor y el tedio.
Vanessa le apartó la mano y deslizó los dedos por su cabello enmarañado, masajeándole las sienes y los costados de la cabeza. Todavía le sorprendía notar lo mucho que le gustaba el tacto de sus manos en la frente, los dedos en su cabello. Era extraño, dada su aversión a que lo tocaran.
—¿Así está mejor? —preguntó en voz baja. Si decía que sí, se detendría. Si decía que no, se detendría.
—Tal vez un poco —murmuró. Las ligeras caricias continuaron hasta que empezó a sentirse somnoliento. Suspiró suavemente, ella apartó las manos y se puso en pie— No te vayas —le ordenó.
—No hay nada más que pueda hacer por ti.
—Léeme algo.
Ella fue a buscar un libro y regresó a la cama. Al sentarse, la seda de damasco crujió un poco. Zac volvió la cabeza hacia ella al escuchar su voz.
Se trataba de una novela aburrida, pero le importaba bien poco. Le aliviaba oírla pasar las páginas y también su suave voz. Intentó imaginar su rostro, pero no lo recordaba con claridad. Sólo la maraña de su pálido cabello, sus mejillas y los oscuros ojos castaños.
Durante los últimos cuatro meses, Zac no había dejado de pensar en Philippe, y también en Vanessa. Le había resultado imposible imaginarlos juntos. Lo había intentado, pero no podía pensar en ella como la esposa de su hermano. Sabía que debía sentirse culpable por haberse acostado con ella, pero siempre había sido un defecto suyo el no sentirse culpable en los momentos adecuados. No estaba en absoluto arrepentido por lo sucedido entre ellos. ¿Con qué frecuencia pensaría ella en lo ocurrido aquella noche? ¿O había optado por no volver a pensar en ello? Justo antes de dormirse, imaginó que la almohada que tenia bajo la cabeza era su suave regazo.
•CAPITULO 8
Alguien entró en el dormitorio. Zac reconoció el sonido de las pesadas botas de Maximilien. Al menos una vez al día, su padre iba a visitarlo para comprobar sus progresos y traerle noticias de Nueva Orleans y el Golfo. Recientemente, los piratas habían Proclamado una tregua en sus actividades, pero no por ello el comandante de la marina estaba menos dispuesto a llevarlos ante la justicia.
—El teniente Benedict estuvo aquí —le dijo Max sin preámbulos— Le he mantenido alejado durante una semana, pero no podré evitar por mucho más tiempo que te vea.
Quiere hacerte preguntas sobre la isla de los piratas y sobre tu supuesta huida. Estoy convencido de que intentará hacerte reconocer que no eres Philippe. Le dije que las heridas te han provocado una ligera pérdida de memoria. Supongo que eso te ayudará para desenvolverte ante sus preguntas.
—¿Desde cuándo se conocían Benedict y Philippe?
—Hará cosa de un año. La esposa del teniente, Mary, sufrió un accidente con su carruaje y Philippe le salvó la vida. Benedict dijo que estaría en deuda contigo durante el resto de sus días.
—Eso está bien —dijo Zac— Eso hará que se sienta más inclinado a ofrecerme el beneficio de la duda.
—O más dispuesto a demostrar que no eres Philippe.
Zac hizo una mueca sardónica.
—Sería más sencillo si Philippe no se hubiese comportado como si fuese un jodido santo.
—Al menos te pareces a él. —Max lo observó— Tendrás que afeitarte y cortarte el pelo.
—Sí —admitió Zac apesadumbrado— Noeline lleva una semana afilando las tijeras.
Su padre sofocó una carcajada.
—Pídele a Lysette que te afeite la barba. Se aficionó a ese tipo de actividades cuando me hice daño en el brazo el año pasado.
Zac ladeó la cabeza con curiosidad.
—¿Qué te pasó?
—Estaba trabajando en la plantación. No fue más que un esguince, pero no pude usar el brazo derecho durante diez días. Necesité ayuda con muchas cosas, y en particular con el afeitado. Después de practicar un poco, Lysette se convirtió en una experta, pero los primeros días... Bueno, imagina a una mujer nerviosa con una
navaja apoyada en tu garganta.
Zac rió.
—Eres mucho más valiente que yo, padre.
Hablaron un rato y después Max se fue.
Zac se acarició la barba pensativo. Le sorprendía haber mantenido con su padre una conversación relajada y amistosa, el tipo de charla que Max solía tener con Philippe. El tipo de charla de la que él y su padre nunca habían disfrutado hasta entonces. Se preguntó qué lo había hecho posible, y por qué las asperezas de su relación parecían haberse suavizado.
Lysette observó a Vanessa, ocupada en la cocina con la bandeja de la cena de Zac.
—Vanessa, no es necesario que tú misma le prepares las comidas —le dijo, midiendo las palabras— Noeline es absolutamente capaz de hacerlo.
—No es problema para mí. —Dobló y volvió a doblar una servilleta.
Sabía porqué Lysette le decía eso. La semana pasada, Vanessa había permitido que Zac le diese órdenes de la mañana a la noche. Cuando quería algo, era a ella a quien llamaba. Su temperamento rara vez se irritaba estando con ella, algo que sí ocurría con las demás, y su mera presencia parecía tranquilizarlo. No le gustaba el modo en que las demás le cambiaban los vendajes o le arreglaban las almohadas. El proceso de la comida, en especial, era algo de lo que nadie, aparte de Vanessa, podía ser testigo. La ceguera le dejaba en una posición de desventaja en muchos sentidos, y estaba enrabietado por su pérdida de independencia. Vanessa le leía, le aliviaba los dolores de cabeza, le entretenía con historias sobre su niñez en
Francia.
Por qué le exigía esas cosas y por qué ella accedía, era algo para lo que ni la propia Vanessa tenía respuesta. Sólo tenía claro que las pocas veces en que ignoraba sus peticiones y dejaba que otros satisficiesen las necesidades de Zac, sentía un terrible deseó de ir a verle.
—Vanessa —dijo Lysette, ceñuda—, soy consciente de las exigencias de Zac para contigo. Quiero que tengas claro que no eres responsable de él en ningún sentido. Quizá te recuerda a Philippe y por eso tú...
Vanessa la interrumpió con una risotada.
—Bon Dieu, ¡no me recuerda a Philippe en absoluto!
Lysette no sonrió.
—Estoy intentando entender por qué te sientes obligada a cuidar de él.
—No hay nada que entender —repuso Vanessa completamente seria— No tiene nada que ver con los sentimientos. Simplemente es una cuestión práctica. Tú tienes que cuidar de tu marido, de tus hijos y la plantación. Noeline tiene muchas responsabilidades. Yo dispongo de más tiempo que nadie, es así de sencillo.
—Muy bien. —Lysette no la creyó, pero quiso zanjar el asunto.
Vanessa miró la bandeja, debatiéndose con el impulso de confiarse a ella. Ojalá Lysette fuese unos pocos años mayor. Sólo podría haberse confesado con una mujer más mayor, más maternal. Seguía echando de menos a Philippe, todavía lloraba al pensar en él. Y despreciaba la crueldad de Zac. La muerte de su hermano gemelo parecía no haber causado en él impresión alguna. Creía que Zac no se preocupaba por nada más allá de sí mismo y su propio bienes
bienestar. No habría sido muy inteligente hacerse ilusiones sobre ese particular.
Pero ¿por qué, entonces, sentía aquel aterrador vínculo con él? ¿Por qué a veces tenía la impresión de saber con total exactitud qué sentía Zac? ¿Acaso porque se habían conocido íntimamente? Vanessa no lo creía. Quizá se debía a que le había salvado la vida. Quizá por ello sentía aquel impulso irrefrenable de cuidar de él.
—La comida se enfría —se excusó ante Lysette.
Salió de la cocina y entró en la casa llevando la bandeja escaleras arriba hasta la habitación de Zac.
Él estaba en silencio cuando ella entró. Abstraída en sus propios pensamientos, le dedicó una fugaz mirada: estaba sentado en la cama y llevaba puesta una bata azul. Entonces le pareció que algo había cambiado. Apretó con tanta fuerza los dedos alrededor de la bandeja que sus nudillos palidecieron: había vuelto a quitarse el vendaje de los ojos. Había restos de cataplasma en sus pómulos. Volvió la cara hacia ella, con los ojos azules abiertos de par en par. Los platos de la bandeja empezaron a tintinear y Vanessa la dejó en el suelo antes de provocar un estropicio.
—¿Zac? —preguntó. Se acercó al borde de la cama y se sentó. Él siguió mirándola con aquellos ojos inyectados en sangre, sin parpadear. Respiraba con rapidez, intranquilo— Zac, ¿puedes verme?
Muy despacio, él alzó la mano y le tocó la curva de la mejilla, observando cómo empezaba a sonrojarse. Apartó los dedos, aunque lo que quería era tocar su radiante cabello y
rozarle la nuca. Sus oscuros ojos eran tan aterciopelados, castaños e inocentes como recordaba. Quería posar los labios sobre la delicada curva que dibujaban los de Vanessa, acariciar su tersa piel. Había ganado algo de peso, sus pechos se habían redondeado y su cintura se veía más definida.
—¿Ves tan bien como antes? —le preguntó ella.
—Sí —dijo con voz ronca— Creo que sí.
Vanessa tragó lágrimas de alivio. Sólo en ese momento fue consciente del temor que había sentido a que él quedase definitivamente ciego.
—Oh, me alegro tanto... Creo... Temía... —Se sentía confusa, intensamente consciente de su mirada azul.
El no apartaba la vista de su rostro.
—Eres más hermosa de lo que recordaba.
El corazón de Vanessa se desbocó. Tendría que haberse levantado de la cama y apartado de él. Pero siguió sentada allí, atrapada en la más pura confusión. Inclinó la cabeza, se fijó en la mano que Zac tenía junto a su cadera. No la tocaba, pero sintió su mirada.
—Tu... tu padre me ha dicho que el teniente Benedict te verá mañana —tartamudeó— Deberás hacerle creer que eres Philippe.
—Tendrás que ayudarme.
—Yo... yo no creo que sea posible. No creo que seamos capaces de convencer a nadie... No puedo fingir que eres mi marido —susurró.
Zac quería tocarla, sentir el tacto de aquella suave piel, su pequeño cuerpo junto al suyo. Pero no tenía derecho alguno, y en ese lugar civilizado no podía recurrir a sus habituales técnicas basadas en la fuerza y la conquista.
Ahí no podía tomar algo —o a alguien— porque le apeteciese hacerlo.
—Lo entiendo —dijo despacio. Nunca había sido bueno en situaciones como aquélla. Nunca se había interesado por analizar los sentimientos, ni los suyos ni los de nadie. Juzgaba a los demás por sus acciones o por lo que le dictaba su instinto— Es repulsivo, ¿verdad? —prosiguió—, burlarse de este modo de la muerte de Philippe. Si lo logro no podrás llevar luto. Te he privado del período de luto que te corresponde. Tendrás que mentir a todos tus conocidos y convencerles de que estás feliz de tener de vuelta a tu marido. Y fingir que el hombre que odias es el hombre que ocupa tu corazón. Te equivocas si piensas que voy a disfrutar con esto. Soy plenamente consciente del agravio que supone para ti esta charada. De no ser necesario para salvar mi cuello, me habría negado de plano. Dios sabe que no es fácil hacer de Philippe. Soy un mentiroso muy competente, pero ¿cómo interpretar la honestidad y la decencia...? Bien sûr, esto va a poner a prueba mi calenturienta imaginación.
—Tú te burlas de Philippe por su bondad —le acusó ella en voz baja.
—En absoluto. Cuando éramos niños lo hacía. —Sonrió brevemente— Me enfadaba mucho su capacidad para evitar los insultos o los retos. Jamás fui capaz de resistirme a una pelea, a pesar de que no tuviese sentido.
Ella elevó su luminosa mirada hacia él.
—¿Por qué Philippe nunca me habló de ti?
Zac rió con ironía.
—No soy la persona más adecuada de la que presumir, ma petite.
—Philippe tendría que habérmelo dicho. Tener un pirata por hermano no es algo que pueda mantenerse en secreto por mucho tiempo.
—Oh, los criollos pueden mantener los secretos durante generaciones, no como los franceses. Quizá sea por influencia española. Los españoles son muy buenos con las intrigas. Philippe tal vez pensó, con toda razón, que pasarían varios años antes de que te enterases de mi existencia. —Se recostó en las almohadas y cerró los ojos con una mueca de dolor. Su rostro estaba tenso.
—Deberías dormir —dijo ella con suavidad— Tienes que estar descansado para mañana.
—He descansado de sobras —respondió sin abrir los ojos— Es lo único que he hecho desde que llegué.
Vanessa se puso en pie.
—Le diré a Maximilien y Lysette que has recobrado la vista. Se pondrán muy contentos.
—Más bien se sentirán aliviados.
—Sí, eso también. —Se inclinó sobre él para arreglarle las almohadas, tal como había hecho centenares de veces. Pero en esta ocasión fue diferente... en esta ocasión Zac abrió los ojos para verla, y el momento se tiñó de una súbita intimidad. Ella se retiró enseguida. Ahora que él podía ver todo sería diferente. La indefensión había desaparecido. Sus heridas habían sanado, y él acabaría siendo el mismo de antes. Sin duda se marcharía lo antes posible, y no volvería nunca más.
—Siempre hueles a flores —murmuró Zac— Son… parecen violetas... o...
—Lavanda.
—Lavanda —repitió él.
Volvió la cabeza y no tardó en quedarse dormido.
¿Por qué Zac había sido tan diferente de Philippe? Vanessa había buscado una respuesta, pero nadie había sabido explicárselo. Tenía que haber una razón, algo tenia que explicar por qué un hermano era el orgullo de la familia y el otro la desgracia de la misma. Se preguntó si Zac y Philippe se odiaban. ¿Acaso no le habría hablado de su hermano gemelo si hubiese sentido afecto por él?
—Oh, Philippe —susurró—, ¿te habría gustado que le ayudara? ¿O te estarás retorciendo en la tumba?
Lysette acarició el cabello de su hija, observando con seriedad las pequeñas caras. Angeline estaba sentada en su regazo y Evelina en el brazo del sillón.
—Ya ven, mes unges, es como un juego. Vamos a fingir que se trata de Philippe; sólo será durante un tiempo. Y no le vamos a hablar a nadie sobre nuestro juego.
—Oui, maman —dijeron obedientes las dos niñas.
Vanessa tomó en brazos al regordete Rafael y observó a Lysette con aprensión. Ojalá no hubiese sido necesario explicar a los niños quién era Zac en realidad, pero Lysette se había mostrado inflexible.
—Son lo bastante mayores para darse cuenta de que no es Philippe —le había dicho— Y sabrían que les estamos mintiendo. Decirles la verdad aumenta el peligro que corre Zac, pero antes que nada debo pensar en mis hijos. Nunca les hemos dado motivo para dudar de lo que les decimos. Son buenas chicas, y me obedecerán si les digo que guarden el secreto.
Vanessa rogaba que Lysette no se equivocase. Les dedicó una sonrisa a las niñas cuando éstas salieron de la habitación y se levantó para entregarle el niño a Lysette. Rafe, que no había dejado de moverse inquieto, se acomodó con alegría entre los hombros de su madre.
—No parece haberles sorprendido lo que les has explicado —comentó Vanessa.
—Oh, los niños se lo toman todo con calma —dijo Lysette con una suave sonrisa— Son los adultos los que tienen problemas para aceptar los caprichos de la vida.
Vanessa fue hasta la ventana y volvió después a la silla.
—Arriba parece todo muy tranquilo.
—Sí—respondió Lysette— Por lo visto, Zac protesta menos con Noeline que conmigo. Claro, ella es más habilidosa con las tijeras de lo que yo con la cuchilla.
A pesar de la tensión, Vanessa sonrió, recordando los gritos de protesta que se habían oído escaleras arriba cuando Lysette afeitaba a Zac.
—¿Lo cortaste mucho? —preguntó.
—Dos cortecitos de nada —suspiró Lysette— No está mal. Sin barba le cambia mucho el aspecto. Podría pasar incluso por un caballero. La cara de Zac ha quedado bastante intacta a pesar de las batallas y los malos tragos que ha pasado. —Sonrió— Se miró en el espejo y se quejó de que ahora nadie lo tomaría por un pirata temible.
—Ya —dijo Vanessa, sonriendo.
—Va a sentirse un poco extraño cuando Noeline acabe de cortarle el pelo.
Vanessa asintió y respiró hondo.
—Ojalá hubiese pasado ya la mañana —dijo— Ojalá hubiese venido y se hubiese ido ya el teniente Benedict.
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Kiss
gracias por subir las novelas a pesar de todo lo que les ha pasado a ti y a tu familia, espero que se recuperen pronto y tenga mucha fortaleza para seguir adelante.
creo que soy la primera!!!
ve yo no te conosco pero igual queiro mque sepas que te mando muchisisisisisisisisisimos abrzaos para que te sientas bien!!! se que pasar por una situacion como es no es para nada facil, es tan feo el ver como pueden hacer tanto daño en segundos!! ahora loq ue tienes que hacer es estar con tu hermanito, tus papas y hermanos, apoyandose los unos con los otros, el dinero no importa loq ue de verdad importa es que tu hermano esta bien y todos en realidad!!! la justicia no siempre es como debe ser, siempre hay una que otra estafa peor alfinal vas a ver que van a encontrar a las personas que hicieron eso y van a pagar!!! me encanto el capid e hoy esta mas decirlo!! la foto hermosa vanessa!! y nada echar pa delante xq para atras ni modo!!! espeor y que todo esto pase rapido y sea solo un horrible sueño y ya esten todos bien y sin miedo!!!
te mando abrazos y besos
**tefa**
Antes de leer y comentarte cosas estúpidas de la novela.
El otro día cuando me metí a leer la novela y leí ESO, me quede con la boca abierta. Ultimamente estan pasando un montón de cosas así. No es nada gracioso ni fácil de llevar, supongo. Yo por suerte no viví nada de eso, asi que no entiendo muuy bien tu situación, pero no por eso no tengo que dejar de decirte que tu hermano, va a poder salir adelante. Supiongo, que son una familia unida, los van a apoyar y van a salir todos adelante. Yo desde Argentina, te digo, que tengan vos y tu familia la mejor de las suertes. Todo va a salir bien, y esos hijo de puuta -perdón por el comentario xD- sonara a bruja que tira maldiciones, pero no la van a pasar bien. Yo creo en Dios, y también creo que Él los va a castigar de alguna forma. Y si sirve de ocnsuelo. Las cosas, a veces tienen que pasar por algo. No digo que lo de tu hermanito sea bueno, sino que por ahi eso fue para que sean más unidos todavia. O por algo parecido.
Solo espero, que salgan adelante. Y suerte.
Espero que mi comentario, de algo, sirva :P
Un besoo.
Maagui.
monse Espero Que Todo Este Mejor De apoco
Aunque No Nos Conoscamos Te madno Muchaaaaaaaaaa Fuerzaaa
Y Espero Que Tu Hermanito Se Ponga Bien Y Que Este Mejor
Gracias Por Todo Lo Que Nos Das.
Espero Que Los Atrapen A Todos.
Besotesss
Te mando Mucha Fuerzaaa
Mica
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_@@@@@@@_______@…. PASO A DEJAR
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_____@_________@ MI FIRMITAAAAA
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mi niña preciosa gracias por subir hermosa la novela esta buenisimaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa ohhh y ahora que pasara mmmmmm muero por saber como queda zac vestido como caballero grrrr se ah de ver muy lindo lindo jejejejejejejejejeje mi niña no te me preocupes se que lo que viviste fue horrible y q nada de lo que diga va a cambiar nada pero ps tranquila que el que la hace la paga y aunque aqui la justicia y el sistema judicial sea una porqueria recuerda q mas alla hay una justicia divina y esa si q no perdona cuidate mucho un beso enormeeeee
***Eli***
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OMG! Gracias por subir de vdd qe muchas gracias seguro no es naada facil por lo que estas pasandoo pero sii tiienes ttoda la razon nuestroo sisteemaa de seguriidad es una completaa m*ierda, peroo solo esperoo qe tu hermaniito se encuentree bien..! solo me puedoo imaginar como te debes sentir pues jamas he pasado por eso, qiero qe sepas qe me da muchaa tristezaa esta situación, el dia qe lo leei me qede con un huecoo en el estomagoo de vdd, yaa debemos de cuidarnos hasta de nuestra sombraa enfin, esperoo qe te sientas mejor un poco, ya qe me imagino la situacion del dinero y las deudas debe ser bastante dificil, y mas en estos tiempos pero gracias por preocupartee paraa terminar la nove! Y Animó! aquii estaremos siempre cuando estes, solo no cierres los flogs esoo seria horrible tantoo para mi como para otras.. solo eso y vuelve de ves en cuando o qedatee afuera de un mc donalds para qe sepamos algo de ti! y por supuestO animO rezaree por tu hermanito por ti y por toda tu familia.. porqe aunqe no nos conocemos fisicamentee espero qe ayude de algo!
TqM..!!
-DannYeLythaa..*
grandiosos los 2 capitulos:D
jajaaj los ame♥
emm, antier lei tu comentario, pobre dd tu hermanito, se como te sientes, yo vivo en sinaloa(Ya te imaginaras), Mexico, y estan pasando cosas horribles y la autoridad no dice nada, es complice de todo o casi todo lo que pasa:S , aqui en Mochis creo que nunca habia pasado esto, pero ahora esta muy feo...
Ojala que estes bien,
byee
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Pero me bañaste mientras estaba inconsciente, ¿no es así? Sí, estoy seguro de que has llegado a conocer cada centímetro de mi cuerpo indefenso. Probablemente estuviste observándome durante horas.
—Yo no... ¡Cerdo vanidoso!
—¿Acaso no me bañaste?
—¡No disfruté bañándote en la cama! Lo hice porque había que hacerlo. Pero no me pareciste atractivo, y no soy cobarde por el mero hecho de que no tenga ganas de verte desnudo. ¡No volveré a bañarte!
—Si tú lo dices. —La señaló con el dedo— Una buena esposa lo haría por su marido.
—No eres mi marido. ¡Y una de mis reglas es que no te aprovecharás de esta bufonada para exigirme cosas ridículas como ésa!
—¿Ridícula? ¡Espero que algún día descubras lo ridículo que es ser incapaz de hacer nada por ti mismo y verte obligado a suplicar a alguien que te bañe! Al menos dame algo para asearme las partes a las que llego. —La oyó apartarse de la cama— ¿Te vas? —preguntó burlón.
Ella no respondió. Se oyó sonido de agua en una palangana. Él permaneció expectante, escuchando sus pasos cuando regresó. Se quitó la sábana que le cubría el cuerpo con asombrosa rapidez.
Vanessa agradecía que tuviese los ojos cubiertos. Jamás podría haberlo hecho con él mirándola. Ver su cuerpo desnudo ya había sido bastante embarazoso estando él dormido, pero ahora que estaba despierto y sabía exactamente que estaba mirando ella, el sonrojo la cubrió de la cabeza a los pies.
De manera impersonal, colocó toallas limpias bajo su cuerpo, metió una esponja en el agua y