"Que las cosas sigan su curso, que sea lo que tenga que ser", pensás. Y no pasó mucho tiempo, y descubrís que de nuevo estás decepcionada. Volviste a soñar, sin habertelo permitido, sin haberte dado cuenta. Otra vez te ilusionaste. Y, ¿por qué? Porque es tu naturaleza. Porque es humano. Porque necesitamos soñar, ilusionarnos. Es lo que nos mantiene de pie. Sin eso, ¿qué sos?
Y si soñar es indispensable, también lo es sufrir. Una cosa lleva a la otra, y ninguna es evitable.
Y, al final, pensándolo a fondo, ¿y qué? Está bien. Lo aceptás. ¿Qué podés hacer al respecto? No podés cambiarlo. Soñar nos hace lo que somos. Ilusionarnos, también. Y sufrir, aunque cueste, también.
Soñar no es gratis. Ilusionarse cuesta varias decepciones. Y lo aceptás en paquete completo, y te redimís. Sin sufrir no hay amor. Estás dispuesta a aguantarlo. Después de todo, está en tu naturaleza.