5/7/09
ojalá junto al recuerdo, amigo mío, como a través de un río furioso, regresara ahora tu cuerpo. ha pasado tanto tiempo y yo aún saboreo aquella intimidad vidriosa de tus labios.
me enamoré de tu tristeza, por azar pero también por la lentitud de tu voz de leña quemada, por el breve y duro ángulo de tu mentón sobre algunas páginas escritas en lo más hondo del celeste invierno; me enamoré de tu mirada baja y de tus abrigos largos y de aquella forma tuya de habitar el silencio como una dulce derrota largamente deseada.
endeble y letal como un puñal veneciano esperé en la orilla desolada de tu vientre, vigilando tu sueño sin sueños, descontando las horas de aquel domingo diluido en mi saliva, rezando espacios en blanco, acariciando el delirante proyecto de matarte en vez de dejarte ir.
sin el lastre de la vergüenza, con el galope del amor tronando, sólo tu cuerpo sin la memoria ni las horas.