Ahir estaba inspirada...
-Que cruel puede llegar a ser la belleza…
Anduve en busca de ella durante mucho tiempo, anduve sin miedo; alejándome de cualquier impedimento. Sola, escalé montañas, perseguí olas en el mar, rumbos del viento, danzas de hojas de árboles centenarios. Y me perdí en algún lugar; fascinada, asombrada, maravillosamente maravillada. Más transcurrido el estado de éxtasis en el que me hallaba, sentí el más absoluto frío y vacío. Sentí el infierno, que tiempo atrás había deseado, que puede ser la soledad. Pensé en él y en ellos y su ausencia me arañó el alma. Lágrimas amargas; un dolor jamás experimentado me convenció de mi egoísmo, de mi absurdísimo, de mi camino vacío. Y entonces una pregunta llegó a orillas de mi pensamiento.