9/9/09
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BORIS VIAN EXCERPTS
(trad. j.b.alique)
Llegamos esta mañana y no hemos sido bien recibidos, pues en la playa no había nadie a no ser montones de individuos muertos y montones de pedazos de individuos, tanques y camiones destrozados. Llegaban balas un poco de todas partes, y a mí no me gusta tal desorden así porque sí...
He corrido a continuación en la buena dirección, y he llegado justo a tiempo para recibir una pierna en pleno rostro. He tratado de insultar al individuo, pero la mina no había dejado de él más que pedazos de difícil identificación, razón por la que he ignorado su gesto y he seguido camino...
El teniente ha aparecido entonces. No tenía aspecto satisfecho, y rápidamente fue a tenderse en la arena con la boca abierta y los brazos hacia adelante. Ha debido manchar bastante la arena. Y era uno de los pocos lugares que quedaban limpios...
He tocado en el hombro a los tres que disparaban conmigo, y les he dicho:
-Venid, vamos.
Por supuesto, les he dejado pasar delante, y he resultado previsor porque el primero y el segundo han sido abatidos por los tipos que tiraban a cubierto sobre nosotros...
Allí me sentía más o menos tranquilo. Desde lo alto de la playa se podía disfrutar de la vista. Sobre el mar, la cosa humeaba por todas partes, el agua centelleaba muy fuerte, y los obuses pasaban por encima de la cabeza con un curioso ruido sordo. El capitán nos ha ordenado excavar agujeros. Para dormir, yo pensaba, pero no. Hubo que meterse dentro y seguir disparando...
El jeep de Mike ha regresado hace un rato. Era Fred quien conducía, y Mike venía partido en dos. Conduciendo Mike se habían topado con un alambre. Más tarde el bazooka de un tipo se ha largado con el proyectil, y él iba enganchado detrás por la correa. Ha esperado a estar a unos cuarenta metros y ha descendido después en paracaídas...
Han debido cortarnos de nuestra retaguardia. Esto me recuerda hace seis meses, cuando acababan de cortarnos de nuestra retaguardia. Actualmente dedemos de estar rodeados por completo, pero ahora ya no es verano. Por el momento, estamos intentando volver a tomar contactos con la retaguardia. Tienen que mandarnos aviones, pues comenzamos a ir cortos de cigarrillos...
Nos hemos hecho con un lanzallamas. Lo que resulta fastidioso con tal sistema es que es preciso abrir la cúpula del tanque antes de servirse del lanzallamas, pues sin ello revienta (como las castañas) y los individuos de su interior quedan mal cocidos. Hemos acabado por desembarazarnos del tanque cargando un bazooka con pòlvos de estornudar. Los de su interior se han golpeado de tal manera el cráneo contra el blindaje que no hemos sacado más que cadáveres. Únicamente el conductor respiraba aún un poco, pero se le había quedado atrapada la cabeza con el volante y no la podía retirar, y así, antes de jorobar el carro, que no tenía nada, hemos preferido cortarle la cabeza al tipo. De la compañía hemos perdido a Simon, Morton, Buck y P.C. Nos quedan los demás, y un brazo de Slim...
Los aviones empiezan a lanzarnos fardos con paracaídas. He sufrido una decepción al abrir el primero. Dentro no había más que un surtido de medicamentos. Se los he cambiado al doctor por dos tabletas de chocolate de avellanas y medio frasco de coñac. Otra vez zumbidos en las alturas: vuelven a lanzar paracaídas, pero esta vez parece que es gente...
Todavía estoy de pie sobre la mina. Salimos esta mañana de patrulla y yo iba el último, como siempre, resulta más prudente. Todos pasaron al lado, pero yo sentí el chasquido del mecanismo y me paré en seco. Sólo estallan cuando se levanta el pie. He lanzado a los demás lo que llevaba en los bolsillos y les he dicho que se fuesen. Ahora estoy solo. Podría tratar de arrojarme cuerpo a tierra, pero la perspectiva de vivir sin piernas me horroriza. No he conservado más que mi cuaderno de notas y el lápiz. Voy a arrojalos lejos antes de cambiar de pierna, y es absolutamente preciso que lo haga porque estoy harto de la guerra y porque me están dando calambres
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as marabillas do litio