Una historia de amor
11/24/09
Erase una vez una joven pareja de la lejana Colombia que se vio separada. Ella decidió irse a aprender inglés a la isla de la lluvia mientras él esperaba ansioso su regreso. Pero no aguantó. Supongo que los deseos de estar con la persona a la que amas son más fuertes que la misma razón y, guiado por su corazón, terminó dejando su país en busca de su amada tan sólo cuatro meses después.
Juntos de nuevo empezaron una aventura en contra de la adversidad. En un país distinto en idioma, carácter y cielo, la joven pareja buscó un barato cuarto donde establecerse. No es fácil vivir en un mismo cuarto con tu pareja. Un cuarto no es una casa. Pero cuando no tienes otra opción los contratiempos se vuelven retos y su arrojo rebosante de juventud les hizo enfrentarse a ello y, finalmente, salir felices y fortalecidos.
Es difícil encontrar trabajo en tiempos de crisis. Pero si eres extranjero, más aún. Como culmen, si eres extracomunitario, no te dejan trabajar 40 horas semanales, sino que por ley estas obligado a una jornada laboral reducida. Esta medida impide a los numerosos extranjeros extracomunitarios que aquí residen encontrar un trabajo digno debido a que la gran mayoría de estos son de jornada completa. ¿Cuales quedan? La mierda que nadie quiere. La mierda de cuatro horas al día. Así, nuestra incansable pareja comenzó a trabajar en varios sitios hasta recalar en la universidad. El suelo de la facultad, tan pisado por ellos en su Colombia natal, era ahora su trabajo aquí en Inglaterra; limpiarlo de cinco a ocho de la mañana.
Así, todos los días se levantaban en mitad del silencio, cogían entre la oscuridad sus viejas bicis de segunda mano y recorrían tres barrios enteros hasta llegar allí. Por supuesto, su paga era la mínima establecida legalmente y aprendieron a valorar hasta los peniques de cobre que la gente suele considerar peso innecesario en el monedero.
Y finalmente, 11 meses después de que ella llegara a la isla de las tormentas, decidieron volver a casa. A Colombia. Con toda la maleta llena de historias y experiencias, con los bolsillos llenos de madurez y superación, con el ánimo de haberse visto capaces de comerse el mundo, juntos.
Me acabo de despedir de ellos. Eran, hasta hace una hora, mis compis de casa. Bajo la lluvia y entre el fuerte viento los chicos esperábamos el taxi del último “hasta luego”. Él me confesó que de todo lo que ha vivido aquí, de todas las experiencias, alegrías y tristezas, suertes y dificultades, lo más importante que se lleva consigo para Colombia es haberlo vivido con ella, su niña; y volver juntos, en el mismo avión, con la sensación de tener una vida por delante. Juntos.
Como les he dicho, les deseo toda la felicidad del mundo. Cuidaros amigos!
(Es bonito ver más allá de la normalidad y crear estas historias plantadas en la realidad y regadas con mi visión. Es bonito).
Bournemouth´09. Uk.