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Christian se sentó en la cama, el jamás había sentido inclinaciones homosexuales, por lo que Amón jamás había sido su amante en ese sentido, solamente se aliviaba de cuando en cuando, usando aquella hermosa boca que el egipcio tenia. Era algo que Amón odiaba, la pasión del momento y la frialdad de después, el saberse usado sin ningún tipo de sentimiento o cariño, pero era así, únicamente cubría unas necesidades que en muchas ocasiones el Presidente no quería admitir que tenia.
El joven que antaño fuera humano cruzo las piernas, sentado en la cama, su cabello castaño bailo por su rostro hasta acabar hacia el lado derecho, donde tenia ladeada la cara. Amón se acercó, sabía lo que quería, lo sabia con una sola mirada suya así que se arrodillo ante él y acerco sus labios a sus rodillas donde poco más abajo comenzaban sus botas lisas de caña alta, típicas de montar.
El Presidente tenía mucho aprecio a aquellas botas, las había conservado durante muchos años, y Amón las había mantenido y lustrado como el primer día, aunque ya se notaban los achaques de haber sido calzadas mil veces. Christian suspiro y noto como los dientes de Amón se aferraban a la cremallera de aquellas botas y era bajada poco a poco, primero una, después la otra y quedaron apartadas a un lado.
Después vinieron los calcetines, dejando al descubierto los finos pies del Presidente, atemporales, que seguían como el primer día. Christian alzo un poco una de sus piernas, haciendo que Amón posara sus labios sobre el tobillo.
El vampiro se dejo hacer, no tenía muchas opciones sin embargo disfrutaba con aquello más de lo que estaba dispuesto a admitir, sintió como el Presidente se estremecía ante sus caricias y continuos besos en el empeine del pie y el delicado tobillo. Christian le seguía mirando con la cabeza ladeada, sonriendo suavemente disfrutando de la humillación y servidumbre de Amón.
El Presidente apoyo las manos en la cama, recostándose levemente y sintió como el cuerpo de Amón avanzaba, situándose entre sus piernas para desabrocharle la camisa blanca que llevaba, dejando al descubierto aquel pecho que antaño fuera de un humano. Realmente Christian no tenía ninguna faceta que indicara que era quien era, no tenía una musculatura fuera de lo normal, ni el cuerpo marcado por miles de magias sin nombre, Amón se descubrió admirando aquel pecho, el fino cuello y la mandíbula que marcaba el ovalo de la cara con suavidad, ¿Lo amaba?, ¿Lo odiaba?, ¿Dónde quedaba Shiroi en todo esto…?
Trato de besar su cuello para evitar pensar pero el Presidente le aparto suavemente de aquella zona, no le gustaba que su sirviente se tomara tantas confianzas, después de todo no era homosexual.
Amón deslizo la camisa por aquellos hombros perfectos, en la parte izquierda de su cuello estaba la marca que indicaba que era un Pactado, marca que el vampiro tenia grabada en su baja espalda, antes de llegar a las nalgas. Christian se incorporo, haciendo a un lado al vampiro que seguía de rodillas, le miro, señalando su cinturón y Amón frunció un poco el ceño, estaba verdaderamente caprichoso…
Acerco su boca de nuevo al cinturón y deslizo la correa tirando con sus dientes, bajo la atenta mirada de Christian, quien estaba disfrutando de sobremanera de dar aquellas ordenes. Cuando el cinturón estuvo suelo, Amón acerco sus manos al pantalón vaquero que llevaba el Presidente, desabrochándolo y bajándolo suavemente.
De nuevo se pregunto por qué aquel hombre era quien era… Christian parecía tan humano, no tenía ningún rasgo especial ni siquiera en aquel perfecto cuerpo digno de un efebo en época romana, sin duda si hubiera elegido otro destino habría sido la envidia de reyes y príncipes, un delicado ángel con corazón de demonio.
El Presidente le dio la espalda y se bajo el mismo la ropa interior, dejándola en algún punto perdida entre la habitación y el lujoso baño. Era tan grande como el comedor de una casa normal, en el cual no había una bañera si no un autentico jacuzzi con agua clara y ya caliente esperando a que Christian se metiera dentro.
Apenas despertó unas ondas en la perfecta superficie del agua humeante, coloco sus brazos en su regazo y echo la cabeza hacia atrás, encantado de la agradable sensación. Amón se acerco al baño, aun iba vestido de la calle con una simple camisa de manga corta y un pantalón de tela fuerte de color caqui con varios bolsillos.
-¿Qué tal esta Shiroi?.- Pregunto con suavidad Christian.
-Está mal.- Dijo la voz de Amón en un punto indeterminado tras él.- Ha perdido mucha sangre y las heridas no le cicatrizan como deberían.
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Todo su pensamiento quedo nublado cuando un olor, fuerte, penetrante y que en verdad solo venia de una pequeña gota inundo su cerebro. Era sangre, la sangre de Christian, corriendo en pequeñas gotas desde su dedo índice por la palma de su mano y más tarde, la muñeca.
Amón tenía prohibido alimentarse y tras tanto tiempo había aprendido a no depender tanto de la sed de sangre, pero no podía resistirse, sobre todo si su presa se hallaba tan cerca.
Christian estaba sentado en un sillón de su habitación particular y no se había vestido, aun andaba en albornoz, miraba con una sonrisa dulce la sangre que se escurría por su mano y después miro al hambriento Amón. Si el vampiro hubiera estado un poco más lucido se habría dado cuenta de la mirada carmesí de Christian, lo que indicaba un grado de excitación o sadismo bastante más alta de lo normal.
Amón se acerco al Presidente y lamio la mano, para no desperdiciar ni una sola gota de sangre, después Christian le acaricio el cabello, como quien premia a un buen perro por su comportamiento y le hizo bajar poco a poco de nuevo hasta sus pies, era la única parte que el Presidente dejaba que Amón mordiera a su antojo cuando quería premiarlo y así lo hizo, mordiendo suavemente cada dedo de Christian, succionando tan dulcemente como sabia que le gustaba que lo hiciera, haciéndole estremecerse de placer.
El Presidente alzo una de sus manos acariciando su cabello.
-Arriba.- Ordeno serio y Amón alzo su boca, soltando los pies heridos de Christian, este estaba jadeante, como siempre que su siervo le mordía y le excitaba de aquella manera.
Ante la mirada tímida de Amón el cual estaba sumido en una especie de paroxismo gracias a la sangre, el Presidente se alejo de él, asomándose a la ventana, aun en albornoz, era difícil saber que le pasaba por la cabeza en ese momento a Christian, pero a juzgar por el modo que contemplaba la ciudad era como si se hubiera dado cuenta de algo relacionado con el orden natural de las cosas. El era un depredador e iba a destrozar aquel mundo…
Amón se acerco a él, deseaba beber mas, no podía evitarlo, rodeo el cuerpo de Christian con sus fuertes brazos, buscando la marca del sello, deseando morderle ahí mismo, donde más caliente estaba la sangre.
Fue algo muy rápido, un fuerte chasquido, seco, lleno de fuerza. En su mano izquierda el Presidente esgrimía una fusta y su mirada roja combinada con su sádica sonrisa no auguraba nada bueno. Amón retrocedió con la fusta marcada en la mejilla por el fuerte golpe, como un perro que había sido fuertemente reprendido.
El Presidente camino hacia él y descargo otro golpe de la fusta para hacerle bajar la mirada, humillándolo ante él.
-Aprende tu lugar.- Dijo con la misma cruel sonrisa y después alzo un poco su cara con la parte flexible de la fusta.- Si yo digo que no, es que no.
Amón asintió un poco, apretando los labios para no saltarle encima. La noche había terminado como había comenzado, siempre seria así, no podía ser cambiado… Quizá algún día encontrara consuelo en la mirada dulce de Christian, pero aquel día… aquel día no.
-Mañana quiero que partas para ayudar a Edmunt en su tarea, tendrás todo lo necesario cuando te despiertes.- Continuo hablando el Presidente.- No acepto errores, si fracasas te destrozare a latigazos.
-Que pensamiento mas medieval tienes.- Gruño Amón.
-Es normal, ya que procedo de allí.- Dijo Christian sin alterarse.- Ahora descansa.
El Presidente se vistió mientras que los paneles iban echándose sobre las cristaleras, el alba se acercaba y Amón sentía la quemazón de su piel en la parte golpeada, no tenía fuerzas para moverse, se acurruco en el suelo, donde Christian le había dejado y cerró los ojos, tratando de olvidar por un momento, que o quién era.
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gracias a todos por estos 100 capitulos, Sangre Azul no existiria de no ser por vosotros.
en la foto shiroi poco despues de su llegada, preciosa ella
perdon a Ayuchi xD es que dejame que acabe de postear el capitulo por dios XDDD
Wiiiiiiiiiiiiiiii Dios nena, cada vez re superas a ti misma, pero el pobre Amon me da penita, Christian es un grandisisisismo Hijo de perrilla y le pone ahi super sentsible y tierno para luego dejarle con un dolor de huevos que pa que ò.ó
Pero, seguro que agun dia Amon se lo cobrara con creces jur jur jur
Bueno, sigue asi ^^
"Christian suspiro y noto como los dientes de Amón se aferraban a la cremallera de aquellas botas y era bajada poco a poco, primero una, después la otra". Estas son la clase de cosas que me matan =_=.
Grooooaaaaaaarrrrr....fustazos. Me encanta el fetichismo con la fusta o el látigo, son unos elementos de dominación tan treméndamente sensuales... *w*.
Gracias a tí por escribirla, que por tu culpa estoy enganchadísimo al mejor relato erótico-festivo-romántico-chungo de vampiros y seres sobrenaturales que he leido nunca ^^.
aaaaaaaah *____________________* nunca la dejes hasta el final, porque sino tendras a unas cuantas personas enfadadas y suplicantes por mas y mas xDD
p.d. dale con la fuuuustaaaa
Christian alzo una ceja.
-Ah, que desgracia, ¿no?.- dijo sin mucho sentimiento.
Amón sintió que se tensaba dispuesto para hincar sus dientes en su carne y Christian se volvió a él, sonriéndole, desarmando así toda su voluntad de hacerle daño. El Presidente alzó una mano imperiosa, reclamando su presencia a su lado, el vampiro no pudo hacer más que caminar hacia él, sentándose al borde del jacuzzi.
-No puedes hacer nada, así que vete haciendo a la idea.- Dijo suavemente acariciando su mejilla.- Te usare a ti y a esa niña pálida como quiera, no podrás hacer nada contra ello así que por qué no te relajas y disfrutas de las comodidades que puedo ofrecerte.
-Tenía la esperanza de que cambiaras con los años.- espetó Amón.
-No puedes cambiar tu naturaleza y no puedes cambiar la mía, Amón.- el Presidente salió del baño, dejando que el agua escurriera por su cuerpo desnudo y se envolvió en un albornoz de color crema, mirando a su siervo.- Ven.- Ordeno con aquella voz tan suave que no admitía replica.
Amón suspiro, tenía razón, no merecía la pena luchar, tan solo podía confiar el destino de Shiroi a Vebjorg, quizá con un poco de suerte, la Cazadora fuera el milagro que el vampiro llevaba esperando tantos siglos a que ocurriera.