7/10/09
El TIEMPO es un ladrón que afana recuerdos para revenderlos como olvidos, todo lo cura a fuerza de diluir nuestras huellas para que no reconstruyamos caminos. El tiempo ha querido despojarme del tacto tenue de tus manos. Me está arrebatando el sabor agridulce de tus labios, la cadencia de tu voz en la orilla de mi cuello. El pasado es lo más cruel que tiene el ser humano, es el castigo del tiempo. Es esa miel en los labios que no podemos saborear, es el escaparate abandonado de nuestra vida. No lo entiende, ya lo sé. Dice siempre que hay que vivir el presente y soñar el futuro. Pero el tiempo es circular, aunque no lo crea. Y lo único que de verdad existe, que permanece, es el pasado.
Hay corazones que no entienden de tiempos y hay historias de las que nunca podrá adueñarse el pasado. Hay voces que nunca se apagan y que sólo saben leer el amor entre líneas, entre esas líneas donde quedan escritos los errores que no se reconocen, los orgullos que no se delatan, las mentiras que no se pronuncian. Y se quedan perdidas entre pequeños e imperceptibles momentos. Entre unas miradas rápidas y furtivas, entre un roce de manos aparentemente involuntario, entre una media sonrisa desde la distancia, entre unas palabras que se lleva el viento. Queriéndose y odiándose alternativamente, con la misma intensidad, con el mismo autoengaño, con los mismos temores, con las mismas distancias. Cubiertos de desencuentros, dejándose arrastrar por la marea de las costumbres adquiridas y las rutinas involuntarias, por los restos de ese orgullo que les impide dar el primer paso.