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--- días azules ---

a la espera
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a la espera

8/27/09
“A veces estar vivo pasa medio desapercibido”

Estoy como en stand by. Después de la intensidad, viene la calma y ésta suele desconectarme. Aterrizada. Esta vez, para no volver a despegar en pocos días. Ahora es momento de comenzar, de buscar, de decidir, de trabajar de nuevo. Y sinceramente, no me apetece. Primera mañana perdida desde hace dos meses…vegetal absoluto, ordenador, teléfono, tele…huyendo de cualquier posibilidad de hacer algo productivo. No quiero.

Ni siquiera quiero pensar. Estado de apatía, pasotismo. Después de toda la intensidad, se supone que vendría un momento de reflexión, de fijar recuerdos, de extraer ideas, consecuencias. Pero es que eso supone esfuerzo. Y hay veces en las que uno decide desconectarse. O incluso la mente lo decide por nosotros mismos.

Podría decir muchas cosas de este último mes. Detenerme en el impacto. En el impacto de la pretendida ausencia de impacto. Pero para ello debería reflexionar y ya he dicho que mi mente y mi cuerpo están en huelga sin remedio ni pudor. En este estado, no puedo afirmar qué huella ha dejado este país en mí. Si he adoptado este discurso anti “volverás con la maleta vacía, lo regalarás todo” porque me gusta llevar la contraria, o si realmente mi sensación es que la pobreza era tan digna que me daba vergüenza ya no intervenir, sino mirar. Si de verdad me sentía como un científico que en vez de observar a través del microscopio decide colarse dentro de la muestra, a ver qué encuentra. Con su aséptica bata blanca analizando y fotografiando desde lo que él cree que es “dentro”, abandonando toda esa valentía pre-comienzo del viaje, pero siendo al fin y al cabo un “cuerpo extraño”, tan “fuera”, tan lejos de aquello que ni acierta a respirar la superficie.

Sencillamente no lo sé. De lo que estoy segura es que me agredía. El entorno me agredía constantemente, no sólo con sus virus y bacterias que decidieron instalarse en mí, sino por su dureza, por su agresividad calmada. Por la absoluta indiferencia de su agresividad. Eso me pasa por débil.

Hasta que de pronto, te quitas la bata blanca, dejas de tener pánico y te fundes. Es una fusión irreal, pero oye, te has quitado la bata, has soltado la cámara y has dado tres pasos…algo es algo. Entonces es cuando me agarras de la mano y caminamos con paso ligero, y negocio el rickshaw como si viviera allí. Y la calle ya no es tan dura…las moscas no nos molestan y de verdad que el fuerte olor del primer día ya no está (¿cómo es que no vimos estas casas tan bonitas la primera vez que pasamos por aquí, asustados, mirando al suelo?) Ya no miro con pena a niños delgados y descalzos, sino sonrientes, regalándome un llavero a cambio de una cocacola (con 7 años y no acepta caridad). De repente somos un poco parte de aquello, porque nos gusta callejear y miramos con ojos como platos los puestos de frutas y verduras que nuestros estómagos europeos no soportarían comer, pero es que están tan buenas... Y tengo calor y estoy débil, y sudo y los charcos del monzón que no llega han salpicado mis piernas. Y no me importa. Porque ahora sólo veo realidad. La belleza infinita de la realidad.

Y mi concepto de la justicia se tambalea. Absorbe nuevos parámetros, nuevas dimensiones. Porque lo justo no gira en torno a mí, ni a mis principios. Y cada uno vive con su (in)justicia como quiere, o como le dejan. Entonces lloro y una enfermera vestida con un shari azul me acaricia el brazo para que el líquido entre con menos dolor. Y no puedo explicarle que no lloro de dolor, sino de rabia por las millones de medicinas que “se merece” mi delicado estómago occidental y a las que no tienen acceso al otro lado de la puerta. Y lo curioso es que aunque habláramos el mismo idioma, tampoco me entendería. Así que concentro mis esfuerzos en sonreírles, en darles las gracias en su idioma, en decirles algo más con la mirada.

Las calles de India dan lecciones sin saberlo. Y no esos tópicos absurdos, esos para los que iba mentalizada. Te dará la vuelta, te revolverá por dentro y al final, pasará algo. A cada cual, lo suyo. Yo aún sigo sin querer sentarme a admitir qué me ha hecho, aunque lo sepa perfectamente. Y las cosas dan vueltas en mi cabeza, y de repente chocan entre si y crecen...el amor, y la amistad, y la intensidad con que tenemos a las personas dentro, y la euforia del futuro, y el pánico al futuro.

De lo que estoy segura es de que estoy viva y de que ellos también.

(y cuando las cosas se me tambalean, aunque sea suavemente, poco a poco…siempre vuelvo a las cosas que asientan mis pilares, a las cosas que me calman…como una mano apretando la mía en los aterrizajes aunque en realidad no me den miedo, como buscar un lugar cómodo donde acurrucarme o una canción de paco cifuentes)

“A veces estar vivo pasa medio desapercibido”
Aliviados: http://www.youtube.com/watch?v=8oBUKZ9svaw&feature=related

Guestbook Comments (2)

Mil gracias por escribir esto.

gracias por compartirlo, desgraciadamente hay muchas vidas que pasan desapercibidas, realidades paralelas que nos parecen de película y a las que nos han(hemos) inmunizado, y de las cuales es preferible no hablar demasiado, duele, genera culpas, remordimientos de conciencia...

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