insomnio con nombre y apellidos
11/4/09
No puedo dormir.
Desde hace un tiempo mi subconsciente se encarga de recordarme cuándo hay algo que me inquieta/disturba/preocupa/enfada. Antes podía vivir con ello, dejarlo para más tarde como hago con el resto de las cosas de mi vida. Pero ahora no. Se reúne todo en algún lugar entre mi estómago y mis pulmones y oprime. Aún no ha decidido si dejarme sin respiración o si retorcer mis entrañas. Pero mientras se lo piensa los minutos pasan y las ojeras crecen.
A veces incluso el proceso es inverso. Noto esa presión, esa falta de aliento y entonces analizo cada detalle del día para descubrir su origen. No es fácil. En ocasiones hasta necesito que alguien coja mi mano, me siente en el suelo de mármol y una nuestras frentes. Sólo en ese momento de ojos cerrados, frío del suelo y calor de manos, consigo terminar de respirar. Sacar todo el aire y vomitar una palabra detrás de otra hasta que dejan suficiente espacio para que el oxígeno entre de nuevo.
Hoy no tengo suelo, ni frente, ni manos. Y tengo la jodida sensación de que algo va a ir mal. En Madrid los suelos son de madera y crujen, y es imposible disimular que caminas sobre ellos. Y a mí me gustan los pies fríos, y correr por el pasillo hasta la cama para calentarlos debajo del edredón. Pero aquí tampoco tengo un edredón caliente.
Empecemos a sumar, no tengo suelo frío, no tengo manos, no tengo frente donde apoyarme, y el edredón no está caliente cuando llego a la cama. Pero tengo esta falta de aire que no me deja dormir, y las palabras no nacen para que pueda lanzarlas por la ventana.
(No es justo que me hayas enseñado a curarme para después llevarte todos los antídotos contigo)
foto: mi muro
MUCHO ÁNIMOOOOOOOO