Caminante nocturno II
11/4/09
Odia al mundo. A su manera, pero lo odia. Tiene ese odio furtivo, de loco tranquilo que sonríe, muestra los dientes, pero nunca ataca. Lo odia como odia a los pajaritos domingueros chillando a las 5. Lo odia como odiaría encontrar una sopa de mondongo con mermelada de frambuesa en la heladera.
Odia al mundo en silencio, como odia a la luna, a las estrellas y a esa puta bola amarilla, chamuscando retinas con total impunidad. Odia tanto y a tanto, que casi le da placer odiar.
Mucho placer agota. Estaciona las patas junto a los barrotes del dique y se cuelga mirando al Puente De La Mujer.
Descubre que no lo entiende.
Cavila unos instantes.
Tampoco entiende a las mujeres.
Aún así, sigue caminando.-
¡Y también mucho odio para un no vidente que se lleva al mundo de frente! que se deje de joder, y pruebe un buen café en algún barsucho cerca del dique.
Muy buenas las dos partes, Leito.
Que en la tercera parte se moje un poco la cara ese loco.
Un abrazo.