Los redobles de tambor no dejaban de sonar,
se hacían repicar con las tripas de su hambre,
de su hambre voraz.
El silbido de una araña, era lo otro que se escuchaba.
Un ir y venir de hilos, un ir y venir de hogar.
Envidia sana, envidia animal.
De sollozos se alimentaba
y de un buen saber estar,
era lo único que le quedaba, las formas y el mirar.
Marrón era el color del viento,
de su pulcra suciedad.
De palabras sin sentido, las únicas que sabía pronunciar.
La historia de un gallardo, de la alta sociedad.
De idilios, joyas y romances.
La única diferencia, el lugar.
huesito_peleon said on 5/16/08 7:34 AM …
a un sitio como ese me iba yo una temporadita ^^
besos, buen fin de semana!
lucysky677 said on 5/16/08 12:53 PM …
Hoy tengo especial interés en que le eches una oreja a esto...
lucysky677 said on 5/16/08 7:20 AM …
Parece una canción...podría musicarlo ;).
Me gusta sentir envidia animal, ¿a tí no?
Yo también lloro, por muchas cosas.
P.D.: ¿las arañas silban?...jeje. Esta ambíentóloga de pacotilla...anda que no saberlo...juas!