Nº17
11/6/09
Se quedó sola. Se oía la lluvia golpear el cristal. Se tapó hasta la nariz y pensó en la pereza que le daba moverse. Estaba cansada, había tenido uno de esos días de desánimo absoluto.
Se sentó en la cama y cogió el libro de la mesita, no conseguía dormir a pesar de estar exhausta, lo abrió por la página que tenía marcada. Leyó 2 líneas y lo volvió a posar. Se frotó los ojos y se volvió a tumbar, cogió el teléfono móvil y buscó su número. Titubeó antes de calcar la tecla de llamada.
Sonó siete veces antes de que descolgara. Respondió “¿Sí?” por inercia, porque estaba completamente dormido.
-Soy yo- Silencio. -No puedo dormir, otra vez…-
Miró el reloj.- ¡Pero… si son las cuatro de la mañana! y…cuando me fui estabas dormida.-
- Cuéntame algo.
Soltó una carcajada. – ¿Qué quieres que te cuente?.
- Me da igual, como si me hablas del tiempo. Solo quiero oír tu voz. Con eso me vale.
- Pues…-. Le interrumpe.
- Es que esta puta almohada todavía huele a ti y le doy vueltas a todo… y…
- ¿Y… qué? Ya eres mayor, guapa. No voy a estar aquí para sacarte siempre las castañas del fuego. Tienes que acostumbrarte a vivir sola y perder ese miedo infantil e irracional a absolutamente todo lo que te rodea, no puedo portarme siempre como tu hermano mayor...
- Ya lo sé-. Le tiembla la voz.
Él suspira. - ¿Quieres que vuelva?
- Si… pero sólo hoy.
Sonríe - Lo mismo dijiste ayer…-
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