"Déjame ahora, amor, que te maldiga con la palabra amarga y el castigo.
Déjame que me sienta tu enemigo y a gritos déjame que te lo diga.
En la colmena, en la cuajada espiga yo levanto mi voz y te maldigo.
En el tesoro de la miel y el trigo, en el fugaz vilano y en la ortiga.
Maldito seas en las pleamares, en el jazmín, el ónice, la arena, en el sirguero y en su verde ramo.
Maldito en el jacinto y los azahares. Y, en la albahaca, el junco y la azucena,maldito yo también porque te amo.
El arma que te di pronto la usaste para herirme a traición y sangre fría.
Hoy te reclamo el arma, otra vez mía, y el corazon en el que la clavaste.
Si en tu poder y fuerza confiaste, de ahora en adelante desconfía: era mi amor el que te permitía triunfar en la batalla en que triunfaste.
Aunque aún mane la sangre del costado donde melló su filo tu imprudencia, ya el tiempo terminó de tu reinado.
Hecho a los gestos de la violencia, con tu mala costumbre ten cuidado: tú solo no te hieras en mi ausencia."