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El deseo profundo, el más real es aquel de acercarse a alguien.
A partir de ahí, comienzan las reacciones, el hombre y la mujer
entran en juego, pero lo que sucede antes, la atracción que los
unió, es imposible de explicar. Es el deseo intacto, en estado
puro. Cuando el deseo todavía está en estado puro,
hombre y mujer se apasionan por la vida, viven cada momento con
veneración y, conscientemente, esperan siempre el momento
adecuado para celebrar la siguiente bendición.
Así, las personas no tienen prisa, no precipitan los
acontecimientos con acciones incoscientes. Saben que lo
inevitable se manifesará, que lo verdadero siempre encuentra una
manera de mostrarse. Cuando llega el momento, no dudan,
no pierden una oportunidad, no dejan pasar ningún momento mágico
porque respetan la importancia de cada segundo.
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genial que lo vuelvan a repetir.