Como la negrura de la noche que impregna la soledad de una trinchera, el desazón de un atardecer de ensueño cuando acabas de perder el amor o el silencio acongojador tras una tormenta estruendosa, así es el vacío que lo llena todo cuando miras durante horas la hoja en blanco y no tienes el valor necesario para manchar su inmaculada pureza con tu sucia tinta. El temor que recorre cada centímetro de tu piel al observar la pluma en todo su esplendor y sentirte demasiado insignificante como para empuñarla, demasiado burdo como para ser capaz de crear arte con ella, tan inepto que ni siquiera podrías empezar a mancillar su nobleza... La perpetua agonía de tener mil ideas en la cabeza que se amontonan mientras cogen polvo y no poder plasmarlas...
La rabia de no encontrar inspiración es la pesadilla de cualquier escritor...
No sé que me pasa que no soy capaz de escribir... Será culpa del frío...
Creí que este año se iba a terminar los extractos de Benedetti, pero los señores Reyes han sido majos y me han regalado el nuevo calendario -aparte de mi preciosa Nikon D40- así que no os libráis, hoy sí porque estoy en casa ajena...
Desgana...