Deseé regresar a mis siete años, a aquella vida ajena a la malicia y a los desahogos, en que no sabía lo que era el sexo ni me importaba, a aquel estado de feliz ignorancia que ya no podré recuperar. Cuatro cosas que la edad me trajo y de las que habría podido prescindir tranquilamente: amor, curiosidad, pecas y dudas
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