7/12/09
Querido señor Invisible:
Tal vez te sorprendas al recibir esta inexistente carta.
Si, así de inexistente como vos, y en una de esas como yo también. Tranquilo, no voy a pedirte que te conviertas en héroe y que me salves de los miedos que mi cabeza creó en estos últimos tiempos. De eso soy responsable yo, y debo ser yo mi propia heroína.
Pero, si tal vez voy a pedirte que me agarres de la mano o me abraces, sin pedir explicaciones, cuando veas en mis pupilas que te miro y te veo irreal, que te siento solo un espejismo y es por eso que no me atrevo a hablarte.
Tampoco voy a exigirte que vivas por y para mi,
pero si me gustaría que alguna mañana te despiertes pensando en mi sonrisa.