10/14/09
Ahí y sin nada. Porque después del oscuro vacío se supone que el tiempo acaba, ni empezar siquiera. Quién lo sabe, estamos aquí, ahí, y sin nada.
La condición humana se sublima en esas hermosas vorágines de luz inalcanzable que se mantienen suspendidas mágicamente, tal vez unidas por los cables maestros de Dios... De todos los dioses.
¿Dónde están los lugares para que esas fuerzas puedan desarrollarse? Dicen que es ingrávido ese lugar, que por eso flotan los hogares de las sendas entre las estrellas. ¿Pero se generan de la nada? ¿Se mantienen de la nada? Me resulta curioso que nieguen el alma y que aseguren que el sol está ahí, sobre la más absoluta definición de la vacuidad del todo y del propio tiempo sin soporte alguno. Siendo génesis de fuerzas. Fuerzas dispersas por la inconmensurable nada.
Pienso en la energía. Una sutil emanación de partículas flotantes derramándose como el polvo de Campanilla. En nuestro núcleo primordial que es la desencadenación de todo lo demás. Pienso en nuestra mente colectiva y en la individual. Creo que todo esto lo hicimos nosotros.
Que la creencia dio veracidad a Jesucristo y se la restó a Galileo; que la creencia cambió las tornas y que el nombrado astrónomo estableció unos límites que han quedado pequeños para las incursiones teóricas de algunos cuantos; el universo, dicen.
Así que mientras flotamos sobre un abismo sin altura me concentro en todas las emociones, en cada vibración de la sangre y me estremezco al pensar en la aguja hipodérmica que visitará mis canales de vida dentro de una semana.
Recuerdo que todo esto lo creamos nosotros. Que cuando acabe, si esto es aceptable dentro de los términos de eternidad a los que burdamente trato de referirme, retornaremos al núcleo energético del que partimos.
Si conseguimos evolucionar, si nuestra energía pura que es el espíritu crece lo suficiente, seremos llamados a contemplar, desde el hogar exterior, este curioso y, por ahora, indescifrable lugar hasta convertirlo en nuestro patio de juegos para amarlo como padres. Padres que serán también hijos.
Y será en esos juegos donde muchos creerán ganar la partida estableciendo límites; y donde otros se perderán en el devenir errático de sus sueños buscando eso, más sueños. Lo que desborda nuestra mente respecto a la concepción de las cosas.
Encontrando ese polvo de Campanilla, esa libertad tan temible de estar en la puerta donde comienza lo infinitamente inexplorado.
No voy a comentar :(
Falta de asepsia!