Llega el temido día "X"
11/8/09
Por fin llegó el ansiado día…o no, pues suele ser ansiado aquello que, creemos o esperamos, nos ha de llegar cargado de energía positiva, pero cuando intuimos que lo que nos sobreviene es algo negativo, preferimos aplazarlo indefinidamente o, mejor aún… que no suceda.
Nuestra Dama Oscura se sentía amenazada por más de un temor: por un lado temblaba ante la idea de que el maleficio fuese más fuerte que el conjuro y terminase por vencerle; por otro lado, temía a la Gnoma como a un nublado. En realidad no se explicaba cómo había sido capaz de dejarse embaucar así por un gato parlante y por una enana tan borracha como una cuba y más colgada que un murciélago. La cuestión es que ya no había escapatoria posible ni tiempo material para buscar otra solución. La pobre damita se sentía afligida por dentro y por fuera, de hecho, si su cuerpo hubiese sido una pantalla de rayos X, hubiese podido verificarse que su estómago estaba encogido y arrugado como una pasa, preso de la angustia y la desazón de pensar que los ojos de su dueña no iban a volver a contemplar jamás los ojos oscuros del Caballero Invisible, Lord invisible, para ser más exactos.
La gnoma, pseudomaga, pitonisa o lo que quiera que fuese aquello, llegó en completo estado de embriaguez y confusión mental; los ojos le brillaban extraordinariamente y sus conjuntivas estaban enrojecidas, tanto, que más parecían los ojos de un barbo que los de una ex-vedette del Folies Bergère.
-¿Haffbéis draído dodo…?- Preguntó.
El gatito y la Dama señalaron el neceser, que, ajeno a cualquier conflicto, reposaba sobre la hierba humedecida.
La pitonisa eructó ruidosamente, se tiró un pedo colosal, y después se inclinó sobre el cesto para ver su contenido, todo por ese orden cronológico. La evidente falta de equilibrio hizo que cayese de bruces sobre el cesto. El gato y la Dama, intentando mostrarse serenos, le ayudaron a levantar; cuando ya casi estaba erguida del todo, y aún en brazos de sus asistentes, se tiró otro pedo morrocotudo. La Dama ya no se pudo contener:
-¡Con esas campanas te entierren, bonita!! ¿Es así como piensas ahuyentar los malos espíritus, a pedo limpio…? ¿Qué clase de profesional de mierda eres tú, borracha, porrera, más que porrera…? Debería darte vergüenza, hemos cumplido escrupulosamente todo lo que nos has mandado, y ahora tú no cumples con tu parte. Me quedan sólo unas horas… no volveré a ver jamás a Invisible, la vida seguirá, sí, pero será mucho más triste, tendrá menos sentido para mí, sobre todo si tenemos en cuenta que volveré a las sombras, lugar de donde nunca tuve que haber regresado… ahora me arrepiento de haber salido de allí y de haber visto la luz, sé que en la luz hay un sitio para mi donde puedo ser dichosa, pero se me deniega el acceso, pues ha de ser junto a él o no ha de ser… Mi Caballero, a su modo, nunca me ha fallado, y hoy vencerá el maleficio, no habrá conjuro y yo… yo…-
No pudo terminar su frase porque prorrumpió en desconsolados sollozos. El gato, que merodeaba entre unos troncos de árbol tratando de dar caza a un ratón, suspendió la actividad y se acercó a su Dama, intentando ofrecerle un consuelo que no parecía cuajar en modo alguno. También la gnoma se vio afectada por la reacción de la mujer, reacción humana y lógica si tenemos en cuenta el problema generado. Como por ensalmo, recuperó la voz y, sobre todo, la compostura, comportándose con el rigor, la seriedad y la coherencia de una verdadera profesional del ramo de la brujería.
Abrió los paquetitos que iban incluidos en el cesto, uno por uno, y lo fue mezclando todo en una especie de olla, eso sí… no lo mezclaba de manera aleatoria, lo hacía en el taxativo orden que indicaba una extensa runa que venía labrada en una piedra plana. La piedra plana se activaba con un lápiz y una pantalla táctil, tipo PDA, y, entre otras cosas, disponía de teléfono, internet, agenda, Word y un completo software con varias aplicaciones más. Una vez en la olla, procedió a realizar un cocimiento, después prendió el contenido de la olla –si exceptuamos los pelos de la chiva, casi todo eran aceites esenciales- con una cerilla, y aquello empezó a arder igual que una falla. El ambiente se inundó de un olor acre, intensísimo, casi asfixiante. Ya había anochecido por completo; la luna, llenísima a rebosar, brillaba en lo alto y apuntaba buenas maneras. Tres pares de ojos estaban fijos sobre una olla ardiendo, inmóviles, sin pestañear… los efluvios aromáticos, el frío de la noche y el silencio, que se había instalado como un okupa entre los tres personajes, hicieron posible que la ceremonia se llevase a cabo con la trascendencia requerida; después, poco a poco el sueño se fue apoderando de nuestros amigos, sobre todo de la maga, aunque en este caso tuviese bastante que ver la tajada que llevaba encima. Permanecieron así dormidos un buen rato, apoyados unos en otros, sin diferencias de especie animal, de raza o de religión. (Sigue abajo, en comentario)
[...] El ulular de un búho les rescató del sueño, fue entonces cuando la gnoma vertió sobre el río todo el contenido de la olla que, naturalmente, ya se había apagado. Después le ordenó a la Dama:
-Falta poco para que sea la media noche, cuando suenen las doce tendrás que asomarte al río a ver qué ves en él… te deseo suerte de todo corazón, Damaoscura, me caes bien… pase lo que pase, créeme, he hecho cuanto sé para ayudarte.- dijo la gnoma entre algún que otro hipo residual.
La Dama, conmovida, les abrazó a ambos, al Gato y a la Duval. Cuando sonaron las doce se asomó al río, y lo que vino después fue…
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