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Casualidad o destino. Cap. 8


Después de lo que ocurrió, prefería no mirar a Javier a los ojos. Javier la había poseído y ella aceptó sus besos, sus caricias, su voz al oído. Le agradó todo lo que le hizo y sentía vergüenza. Se levantó temprano, sabia que su madre solía madrugar aunque estuviera delicada de salud, y fue a verla y le acompañó al jardín. No vio a Javier hasta la hora del almuerzo. Cuando regresaron, estaba Javier platicando con el padre de Anabel, al verla le sonrió maliciosamente y se le acerco a ellas le dio un beso a la madre y se quedó al lado de Anabel.
-Se quedaran esta noche también?
-No, papá. Claro que no.
-No tenemos nada que hacer Anabel, ¿Por qué no nos quedamos?
Ella no se atrevió a contradecirlo y se quedo callada. Cenaron vieron un rato la televisión y se retiraran a dormir. Al entrar al cuarto ella se paró en la puerta y le dijo:
-Hoy no.
-Vamos, no seas santurrona. Te gustó igual que a mi. Si hay amor o no eso nos lo preguntaremos cuando veamos que hacemos, si vamos a seguir o nos vamos a divorciar, por ahora nuestro deber ante Dios y los hombres es hacer lo que hace un matrimonio.
-Javier, no te burles de mi.
-¿Y… es que vas a llorar cariño?
Se acercó a ella y le acaricio el cabello, como siempre con ternura, aunque no la besara.
- No pretendo abusar de ti cariño, pero debo decirte que me gustó como nunca me había gustado estar con una mujer. Y si no quieres que te sea infiel, seamos amigos como siempre y algo más. La abrazaba y la besaba apasionadamente.
Se durmió al amanecer y despertó en sus brazos rodeándole la cintura, los rayos del sol bañaban su piel desnuda, se levantó de prisa sin hacer ruido, y se duchó en silencio. Se vistió, ya no llovía y se fue para su casa. Sentía vergüenza de lo apasionada que había sido.
Se había olvidado por completo de su atropello de aquella noche. Javier había hecho posible que ella lo olvidara aquella terrible situación. Una hora después de llegar a casa le llamó Javier al celular.
-Dime- sabía que era él
-Querida estuviste maravillosa.
Ella quiso gritarle también tú! Pero se mordió los labios.
-Voy al hospital, estaré ahí hasta la una, si quieres ve a buscarme. Después iré a casa un rato antes de ir a atender a mis pacientes privados. Pero quiero decirte algo: Si te parece podríamos hacer un viaje, viviremos una luna de miel diferente a la que tuvimos.
-No, no quiero.
-¿Que te pasa, Anabel?
-No me pasa nada
-Recuerdas con desagrado lo que sucedió?
_No, no.
-¿Y con agrado? Por lo menos dímelo.
- Lo recuerdo, nada más.
-Eres dura, no quieres decirme que te agradó, cuando yo se que sentiste placer.
Anabel no supo que responder, sabia que Javier tenia razón pero sentía vergüenza tener que decirle la verdad.
-Si puedo voy a buscarte al hospital.
Pero no fue. No es que se sintiera enfada, es que deseaba a Javier. Así. Sencillamente. ¿Era posible que Javier de repente le atrajera como hombre a secas? Lo normal es que si sentía eso lo amara también, pero se negaba admitirlo.



Continuará…
Rosalma
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Toda coincidencia con alguna persona real es pura casualidad.





On October 16 2013 at El Salvador 11 Views






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