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CIFRAS
Se dice que había 5000 o 6000 personas. Citamos un punto de la causa: Daniel Vicente JIMÉNEZ (fs. 2643/7), en representación de “SADAIC”, explicó que según el conteo que realizó el 30 de
diciembre de 2004 en la puerta del boliche, ingresaron al lugar 2.811 personas, sin contar los invitados. Esta es la UNICA persona
que se tomó el trabajo de contar a las personas. Su trabajo era ése. Si algún testigo dice “para mí que había 5000”, no se le puede
dar crédito, por ser una simple apreciación que choca contra la palabra de alguien que contó persona por persona. Se dice que
los invitados eran casi 200, por lo que se desprende que había alrededor de 3000 personas. Si la habilitación decía “1087”, porque
tendría que haber un metro cuadrado por persona, era porque ésa era una habilitación para local bailable y no para recitales, cosa
que Callejeros no podía saber porque allí todo el año se realizaron recitales y nunca funcionó como local bailable. En los recitales
se usa hasta tres personas por metro cuadrado según la legislación. Eso es lo que se usó con los Rolling Stones, por
ejemplo.
Osea, que si la habilitación de Cromañón decía que el lugar disponía de 1087 metros cuadrados, según lo que debería
haber calculado Callejeros, en el lugar entraban supuestamente 3261 personas. Si uno abría el diario podía leer que Chabán decía que en el lugar entraban 4000. Los periodistas no lo dudaron y lo publicaron. Chabán y sólo Chabán podía saber que el lugar no estaba habilitado para recitales. Todo el mundo supuso que lo que decía este hombre era verdad, que entraban 4000 personas, y nadie lo negó. ¿Porque irían a desconfiar los Callejeros de la capacidad y del rubro del local? En el suplemento “Si!” de Clarín salía publicidad de recitales en República Cromañón, todas las semanas, a la vista de todos. ¿Por qué desconfiaría Callejeros de que el lugar no estaba habilitado? ¿Por qué desconfiaría de la capacidad? Incluso mandaron a imprimir 500 tickets menos de los que les dijeron. Según la causa: Declaración de ARGAÑARAZ (el manager en ese momento): “En la “Usina” (Córdoba) cuando hicieron un recital, fueron unos inspectores municipales, midieron el predio y, así, los autorizaron a vender
cierta cantidad de entradas, las que eran selladas por esos inspectores. Para determinar esa cantidad se efectuó el siguiente cálculo: cuatro personas por metro cuadrado, lo que no le pareció ilógico”.
O sea que tenía conciencia de la cantidad de gente que
puede entrar en un lugar. Según los inspectores cordobeses, en Cromañón hubieran entrado 4348 personas. En fin, podrán decirse muchas cosas, podrán repartir responsabilidades a mansalva, pero la diferencia entre la vida y la muerte fue, es, y siempre será el lugar en donde ocurra el incendio. Cromañón no hubiera sido lo mismo sin las modificaciones de
Chabán. Chabán mismo dijo en la entrevista que “Cromañón nunca debería haber estado habilitado.” Se pueden pasar la
vida culpando a una bengala, pero la bengala no mata como el cianuro. Podrán decir que Cromañón ya se había incendiado dos veces, y que eso lo sabía Callejeros, pero desde ese punto de vista, no habría que ir más a Unicenter, porque también se incendió dos veces. Por fortuna, las dos veces que se incendió Cromañón, se pudo evacuar sin problemas, lo que podía ser un antecedente de que el lugar era “seguro”. Podrán hablar de apología, de incentivo, de incitación, de estímulo, pero si los responsable de algo se desprenden así de su responsabilidad, entonces los mismos Callejeros podrían acusar incentivo por parte de las bandas de las que fueron público o de las bandas que los superan en trayectoria y que no censuraron la pirotecnia antes que ellos.
Podrán fantasear con que detener
un show era muy fácil, que era parar de cantar y ya. ¿Pero de qué hubiera servido? Si alguien prende bengalas en todos los recitales
a los que va, y en uno sólo le dicen que no, ¿entonces va a terminar con la costumbre? ¿Y cómo tomarían la suspensión de un show 3000 personas, por culpa de 50? ¿Alguien que pagó por su entrada y se tomó dos colectivos para llegar, reaccionaría pacíficamente? ¿Se acaba la violencia cuando se suspende un partido de fútbol? Los que se divierten prendiendo bengalas en todos los shows, ¿van a comportarse bien en un sólo recital y no en los otros? ¿O la cuestión era que no pase con Callejeros, y no importaba con el resto? Ciro, cantante de Los Piojos, dijo en un show en Obras en el 99: “yo sé que en este tema (Maradó) suelen prender bengalas, pero si lo hacen, se perderán las hermosas imágenes (los goles del Diego en las pantallas gigantes)”. Imagínense qué hubiese pasado
si esta tragedia le hubiese ocurrido a Los Piojos, lo hubieran señalado a Ciro por “incentivar” a prender bengalas. Lo mismo, de cualquier banda se puede buscar en los audios y extraer algún pequeño fragmento entre miles de horas de grabación que los ponga en el lugar de culpables por el fuego que no encendieron.
¿Nadie va a respetar el dolor de Callejeros? Claro, se le pone medida al dolor. “Uno no puede saber lo que es perder un hijo” Pero los Integrantes del grupo Callejeros perdieron familiares, perdieron amigos, perdieron a su gente, a su público. “Uno no puede saber que es perder por ciento noventa y cuatro.” Hay que ser muy injusto para ponerle medida al dolor, para creer que una madre no cuenta, que un amigo no cuenta, que la gente de ahí abajo del escenario no cuenta, que una novia no cuenta, y que lo único que cuentan son los hijos.. O será que “a mi me duele más”, entonces el dolor del otro no cuenta al lado del mío. ¿Cómo puede saber del dolor del otro? ¿Por qué no respetar el dolor del otro? Podrán decirse muchas cosas, pero no se puede ignorar que la diferencia entre la vida y la muerte fue el lugar. No fue una mala conjugación verbal, ni una frase sin pensar, fue el lugar. Los integrantes del Grupo Callejeros son SOBREVIVIENTES de la tragedia. Los integrantes del Grupo Callejeros son familiares de las víctimas de la tragedia. No pueden hablar de dolo. No pueden
hablar de la intención de provocar un incendio. Se puede decir que “todos somos responsables.” Si creemos que el público es responsable (aunque no creemos que todo el público), pero la mejor autocrítica es no comportarse más como lo hacíamos antes. Lo bueno es que ya no hay bengalas, lo bueno es que hubo un cambio; esperemos que ese cambio dure.
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El desenlace fatal de las 194 víctimas era casi lógico con las condiciones de seguridad de TODOS los boliches. Podría haber
pasado antes (de hecho, pasó antes y pasó después, en éste y otros ámbitos) o podría haber sido después, pero no hay que
olvidar que si esto pasó es porque las condiciones de seguridad eran precarias. Esto no pasó sólo porque alguno prendió una bengala. Esto no pasó porque alguien, en algún momento, dijo una palabra de más o de menos, o le imprimió un tono de desgano a sus advertencias. Esto pasó porque las condiciones de seguridad eran precarias, ahí como en cualquier otro boliche, geriátrico,
fábrica textil, con el agregado de un techo que emitió un derivado del cianuro. (Se incendian centros comerciales, mueren bolivianos en condiciones de esclavitud, mueren abuelos en geriátricos, y ninguno de ellos prendió una bengala. La bengala no es igual a la muerte, el lugar sí)
LOS TESTIGOS (Sobrevivientes) DE LA TRAGEDIA DE REPUBLICA CROMAÑON