6/20/08
-Qué mala suerte, decían.
Y el viejo labrador respondía:
-Mala suerte, buena suerte, quién sabe.
A los pocos días volvió el caballo y con el venían varios más.
Los vecinos, entonces, admirados, decían
-¡Qué buena suerte!
Y el labrador repetía:
-Buena suerte, mala suerte, quién sabe.
A los pocos días el hijo del labrador intentó domar uno de aquellos caballos, cayó al suelo y se fracturó la pierna.
Otra vez, los vecinos lo visitaron y al ver al joven postrado, decían:
-Qué mala suerte!
Sin embargo, el labrador volvía a repetir:
-Mala suerte, buena suerte, quién sabe.
Al otro día llegó el ejército y se llevó a todos los jóvenes en condiciones de combatir. Dejaron al hijo del labrador, que estaba inmovilizado.
Mientras veía a los soldados alejándose, el labrador reflexionaba en voz alta.
-¡Mala suerte, buena suerte!, quién sabe.
***
Nunca se sabe.
Alguien ha dejado un comentario a este cuento que me ha gustado y que dice: Nunca cantes victoria. Pero tampoco llores derrota.
bnesss te vist el la pagina akella de la reviso del metge del carnet de cotxe ,vaya tela.
weno numes passaba tagrego a efesss okss??
un petoo
ire*