(auto)indigestión
10/22/09
Nacido para no comer ni ser devorado, sobre el ser y el merecer deambulaba su estómago, en un continuo regurgitar al ritmo de sus latidos y sus recetas para otros.
El canibalismo comenzó como estocada a la monotonía de su ayuno forzoso:
nunca antes una piel tan cargada de sabor, nunca una lengua tan empapada de especias conocidas desde fuera, nunca una mente tan consciente de su incuestionable consumición.
Quizá fueron la seguridad de su resultado, pese la digestión del resto, y la capacidad primeriza de decisión, pese a ser algo incapaz de ingerir, las que prolongaron su anti-dieta... la lógica del absurdo hecha baja cocina, altos instintos.
No era fácil ser su propio enemigo, acabar a bocados agridulces de ilusión y dolor con la carne de un cerdo en quien se dejó la vida criando: su presa y su depredador.
Allí y entonces sus reglas cambiaron, no disfrutaba comiendo para seguir viviendo sino para seguir muriendo… pero su juego había comenzado a ser solo suyo.
Música: 'All my relatives are dead' ((Little Toys Orchest))
Imagen: maravilloso flickr