Érase una vez, un rey sumamente infeliz. La gente de su reino pensaba en destituírlo, a causa de sus continuas equivocaciones y su popularidad estaba a la altura de las napas. Entre sus sollozos, apareció una pequeña hada que le preguntó:
Hadita: ¿Por qué estás tan triste?
Y el rey, apartó sus lágrimas para ver a la pequeña criatura. Sabiendo de la buena voluntad de las hadas, contestó:
Rey: Porque la gente está disconforme a causa de mi forma de gobernar.
El hadita, en su sencillez, quiso darle una mano al monarca.
Hadita: ¿Qué puedo hacer para ayudarte, oh poderoso rey?
Y el rey, luego de una corta reflexión, dijo, con una voz profunda:
Rey: Quiero que me hagas una persona ejemplar, un rey del cual mis ciudadanos estén orgullosos, un rey que pueda llevar este reino adelante, con virtuosa mano e inquebrantable orgullo; un hombre que merezca un mausoleo que llegue hasta las nubes; una persona que cambie la historia de forma radical y extienda este reino hasta el fin del mundo!
La pequeña hada, giró tiernamente la cabeza y, luego de un parpadeo de sus grandes ojos, contestó:
Hadita: Dado el caso, nombre a su hijo!
Bocha!
Al fin actualizaste!
Un abrazos, sifu