Cuento nº 1: “El truhán de Tocomocho”

Érase una vez un campesino viudo que mantenía a sus tres hijas casaderas con la venta de leche, queso y requesón. Hasta aquel momento él se había dedicado al comercio, recluyendo a sus hijas y su honor, que quiso resguardar hasta que las desposaran, pero una vez que alcanzaron cierta edad decidió que debían ayudarle, y se dirigió a la mayor:
-Hija mía; vas a llevar estos quesos a la feria de Alicastaña, al otro lado del río. Para ello tendrás que vadear todo el margen del río.
-Pero padre, ¿no puedo cruzar por el puente del Picatoste Tuerto que está a media legua de aquí?
-No hija, ni se te ocurra. Ese puente está guardado por el truhán de Tocomocho, un pérfido y malvado que se aprovecha de la inocencia de las jóvenes doncellas como vosotras.
\tUna vez que la hija prometió cien veces que no intentaría cruzar por el puente partió hacia la feria. Era un día de duro verano y la ingenua chica estaba agotada y sudorosa, y tenía curiosidad por conocer al truhán, así que decidió arriesgarse a cruzar por el puente. Llegó al mismo y al disponerse a cruzarlo salió un hombre vestido de negro, corpulento, hermoso y viril que la asaltó y le dijo:
-Soy el truhán de Tocomocho, ¿a dónde vais?
-Señor truhán, me dirijo a la feria de Alicastaña, y quería cruzar por el puente.
-Pues me la chuparás hasta que brote como una fuente.
Y dicho esto la virginal chica succionó y succionó, y por falta de práctica y de coordinación al respirar se ahogó.
El pobre campesino decidió mandar a su segunda hija con los mismos consejos que le había dado a la anterior. La hija mediana tuvo la tentación también de ir por el camino corto y al acercarse al puente salió el truhán.
-Soy el truhán de Tocomocho, ¿a dónde vais?
-A la feria de Alicastaña, a vender quesos.
-Pues te la meteré por el culo hasta que te revienten los huesos.
\tY dicho y hecho el campesino se quedó sin su segunda hija. Ya desesperado, se vio en la obligación de mandar a su hija pequeña. Dicha hija era conocida por sus artes amatorias y su moral distraída, que le habían granjeado una mala reputación. Su padre también le advirtió que no intentara cruzar el puente, pero de nuevo la chiquilla desobedeció.
-Soy el truhán de Tocomocho, ¿a dónde vais?
-Vengo a follaros cien veces, a ver si es cierto que echáis unos polvos que enloqueces.
-Pero, pero… sois una descarada.
-Y si os queda algo dentro os lo arrancaré de una mamada.
-Pero, pero… chiquilla. Que soy el truhán de Tocomocho.
-Y con vuestra carne daré de comer a mi chocho.
\tEl truhán probó su propia medicina y falleció consumido por el afán amatorio de la jovenzuela y su ávido sexo en medio de un orgasmo inimaginable. La chiquilla pudo ir a vender los quesos para felicidad de su padre, que a partir de ese momento permitió que su hija yaciera con todo aquel que le vino en gana y aceptara perder la vida a cambio del orgasmo más placentero jamás obtenido. Y colorín colorado este cuento se ha acabado con el truhán fallecido y aún empalmado.

On August 06 2007 Edit







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