L'impératrice
4/24/08
Cada vez actualizo menos porque estoy en una fase en la que necesito toda mi creatividad y mi energia para aplicarla al arte de vivir mi vida offline, que no es poco. Entre viajes por trabajo, visitas de amigos y fiesta jolgorrrrio en particular, no paro. De todos modos mañana me corto el pelo otra vez, o sea que estoy llegando al final de un ciclo o al principio de otro. El tarot, aquí representado por la emperariz, está de acuerdo.
El otro día en una de estas salidas impromptu tras un evento de networking me encontre tomando una copa con unas personas de varios paises a las que acababa de conocer. Surgio el tema de la fidelidad y alguien dijo que los holandeses y holandesas eran muy fieles en general, y l@s mexican@s no. Me acorde bastante de conversacines con headbangers, aunque tuve la elegancia de no comentar nada sobre la masculinidad/feminidad/ambigüedad relativa de los sujetos en cuestión. Hubiera sido demasiado para esa hora y ese nivel de copas de vino.
Como dice Platón, el origen de la sabiduría está en la definición de los términos. Creo que la gente es más o menos igual de fiel en todos los paises, sólo que definen la fidelidad deforma distinta: fidelidad sexual, mental, emocional, a una persona o a un sentimiento. El rey de la monogamia en serie, Vinícius de Moraes lo expresó mejor en un soneto que yo hubiera titulado "soneto da fidelidade (quase), or methinks Vinícius protests too much". Su terceto final es mi respuesta favorita a los sonetos a Lisi de Quevedo.
De tudo, ao meu amor serei atento
Antes, e com tal zelo, e sempre, e tanto
Que mesmo em face do maior encanto
Dele se encante mais meu pensamento.
Quero vivê-lo em cada vão momento
E em seu louvor hei de espalhar meu canto
E rir meu riso e derramar meu pranto
Ao seu pesar ou seu contentamento.
E assim, quando mais tarde me procure
Quem sabe a morte, angústia de quem vive
Quem sabe a solidão, fim de quem ama
Eu possa (me) dizer do amor (que tive):
Que não seja imortal, posto que é chama
Mas que seja infinito enquanto dure.
Demasiado sofisticado para mi todo esto, señorita Perte, siendo yo el Rey de la Obviedad.