El rostro impenetrable
7/12/09
Lo llamaremos así, ya que por más que le preguntamos, nunca conseguimos saber cual era su nombre. De joven había trabajado en Barcelona en la telefónica, pero no tardó en volver a su tierra. De joven era rojillo pero ahora cuelga sin sonrojarse las fotos de la visita de los príncipes de Asturias a su hotel rural. Ex-minero y ahora pre-jubilado, nos llevó con su 4x4 a sus rincones secretos donde se refugia para contemplar el valle en silencio con un farias. Nos dejó en lo alto de una sierra a la merced de osos, lobos y vacas feroces. Nos dijo que llegaríamos al pueblo más cercano en 2 horas y media. Tardamos el doble y con barro, cardenales y arañazos hasta las cejas, pero no se lo tendremos en cuenta. Gracias a él, pudimos encontrarnos cara a cara con la belleza más desgarradora y con el miedo más insondable. Por navidades le enviaré una caja de Farias. Sin targeta.
Con T.N.T dentro