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http://media.odeo.com/9/9/2/04_-_The_Fosse.mp3Tiene una voz como para resucitar a los muertos, me volví a repetir al segundo día, tercera semana, al cuarto mes. Mi interés era ya como un ritual. Un repetido rito que dejó de lado mi vicio a los dados y a las cartas cabalísticas, a buscar entre las runas. Al tercer día decidí llevarle a mi ciudad, la que cuelga sobre el mar, su voz puede hacer resucitar a los muertos y mi ciudad está llena de espíritus que bailan a mi alrededor tratando de hablarme cada vez que llego hasta allí atravesando las montañas.
Sólo él era capaz de materializar a mis muertos para que yo pudiera descifrar ese pedazo de naturaleza que ayudada por el viento una vez trató de imitar la obra de los hombres. Los que murieron allí tenían que conocer ya el misterio que cuelga de los picos más altos y que nunca me ha dejado dormir en esas noches solitarias entre las rocas. Año tras año, todos los veranos, casi con devoción, dejaba atrás los volcanes para tratar de desvelar el secreto de mi ciudad, y en aquel momento, sentada a la mesa del rincón escuchándolo cantar, me di cuenta de que no podía hacer nada sin su ayuda y decidí llevarlo.
Pensé que la luz del día no tenía por qué borrar su existencia y volví a la mañana siguiente para preguntar dónde podría encontrarlo. Pero él estaba allí, en la misma posición que la noche anterior. Sólo había cambiado la expresión de su cara y por el piso rodaba su botella vacía. Bajé la escalera con parsimonia, acerqué una silla a su mesa y empecé a explicar. Hablé durante una hora y no logré arrancarle ni siquiera un gesto.
-Usted es el único que puede ayudarme -le dije como despedida-, me voy dentro de quince días. Véngase conmigo...
Tanta imploración de mi parte y él ni levantó la vista, así que me alejé arrastrando los pies y como vencida. Hasta que subí las escaleras, salí a la calle y por fin pensé que quizá no entendiera las palabras cotidianas y que sólo debía ser permeable a alguna oscura señal cabalística. Volví corriendo para ver si todavía se podía hacer algo, y al empujar la puerta con el vaivén, se levantó un pequeño remolino, él levantó la vista y sus ojos me mostraron un instantáneo brillo de comprensión que alcanzó para alimentar mi tenacidad. Noche tras noche llegué justo a la hora en que empezaba a cantar. Poco a poco fui abandonando mi rincón hasta ganar la triste claridad que lo rodeaba, pero él empezaba a no reconocerme...
Tiene una voz como para resucitar a los muertos, me estuve diciendo mucho tiempo… pero no era cierto, no resucitaba a nadie… sólo susurraba, susurra… susurró…
Susurró…
Qué cuerpo -vivo- podrá remontarse, si alguien como él, llegue de verdad con una voz, con un gesto, con una verdad, a resucitar a los muertos de mi ciudad… a los míos, los míos propios que vuelvo a tener dentro...
No me atrevo a decir, que lo espero…