10/16/09
El padre compra un remolino tornasol para su hijo. En una mano esa flor que baila con el viento y en la otra un cigarrillo barato que sostiene entre las prisiones de su dedo índice y el pulgar , mientras con el anular le da impulso a sus gafas.
El niño bebe el preparado en su botella, carcomido el chupete por la impetuosidad de sus dientes. Explicación freudiana para tan natural acción. La calidez de los brazos de su madre, la inmensidad del cielo manchado de blanco, sus brazitos tratando de alcanzar ese algodón que se mueve lentito entre sus pestañas de cristal.
La carcajada de la pareja de al lado lo desconcentra mientras su madre le peina con los dedos el pelo que le cubre el cielo hecho de mar. Su madre muestra su boca llena de nubes cuando sonríe. Se siente como en la cuna y le pica la nariz.
Amaro, Amaro no toques el violín.
Unos cuantos actores arman un escenario entre la muchedumbre de duendecitos que corretean palomas y perros. Arreglan todo y vuelven a probar suerte, a apelar a la voluntad del oyente. Se arrodillan y sube el telón de la obra más importante de sus vidas, la obra de la vida misma. Visten sus brazos de títeres cansados de gritar, de bailar, de correr y de cantar, abren la boca y los duendecitos responden animados, atraídos por el imán del color, el imán de la risa. Los títeres hablan y se ríen hasta los viejos. Receso, piden dinero. Se vuelven a subir al tren lleno de sueños. Pasajeros de los ideales, dueños de su destino. Duendecitos ríen y dicen que el títere está ahí, no, no, detrás de tí!
Amor te incomoda si fumo?
Es que mis besos sabrán a cigarro...
Sé que me has besado así antes ...
Amor, amemos la vida como nos amamos a nosotros!
amor, siempre juntos?
- SI, SIEMPRE!