ARREBATADORA HIGIENE SOLITARIA.
8/20/09
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El recuerdo del calor de mediodía.
Respiraba y suspiraba de modo ambiguo.
Desnuda y acostada en un colchón de caucho con los ojos cerrados,
como los de un faisán abatido por un disparo
estremecido yazul,
desgarrada de un amanecer invernal,
sus manos pequeñas y adoloridas,
con sus dedos pequeños,
recorrió con la mirada el suelo.
Recordó al médico y a las enfermeras frotándose los brazos con desinfectante junto a la mesa en la que había estado hasta hace unas horas.
En la impertinencia alegre a toda hora en esa prisión blanca, asfixiante, desnuda.
Nadie puede.
Nadie debe.
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qué extraño...