Diálogo sobre un diálogo:
A. Distraidos en razonar la inmortalidad, habíamos dejado que anocheciera sin encender la lámpara. No nos veíamos las caras. Con una indiferencia y una dulzulra más convincentes que el fervor, la voz de Macedonio Fernandez repetía que el alma es inmortal. Me aseguraba que la muerte del cuerpo es del todo insignificante y que morirse tiene que ser el hecho más nulo que pueda sucederle a un hombre. Yo jugaba con una navaja de Macedonio; la abría y la cerraba. Un acordeón vecino despachaba la Cumparsita, esa pamplina consternada que les gusta a muchas personas, porque les mintieron que es vieja... Yo le propuse a Macedonio que nos suicidáramos, para discutir sin estorbo.
Z (burlon).- Pero sospecho que al final no se resolvieron.
A (ya en plena mística).- Francamente no recuerdo si esa noche nos suicidamos.
(Jorge Luis Borges)
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Ahora, un mes de vacaciones, bah, un mes sin clases, sin finales, ni parciales. Se disfruta, si encuentro las distracciones adecuadas. Así que a leer un poco (El Hobbit por ahora.. en un par de días robo algún libro más de por ahí); tocar la guitarra que tan abandonada está en el rincón,pelis, series, escribir, volar, soñar...
Mucha convicción de que nada malo puede pasar, de que nací con algo de suerte (eso me dicen más allá de lo que yo opine).
Igualmente ya me aburrí, tengo cierta facilidad para hartarme de mí misma, como siempre. Las conversaciones con la propia conciencia se tornan sosas o monótonas, y se siente que pocas sorpresas pueden debilitar la rutina de la propia compañía. Tal vez sea cuestión de autoconocerse, capaz es autoestima, quizá simple desinterés en saber qué más hay.
Debería haber métodos para desconectarse de uno mismo... yoga en una de esas? jjaja... Bailar descalzo, eso es lindo.
Me voy.
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