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Un Disco – Un Día
Tal vez la historia de este grupo está escrita con el apellido de la no pertenencia o el alejamiento de las corrientes de fin de milenio en una ciudad que no para de buscar sonidos para acomodarse. Se extinguía la flama del ska, y el neometal ardía para ahogarse a los pocos años. Sería fácil decir que esta banda fue una manifestación gótica; con eso quedaríamos todos contentos y nos dedicaríamos a buscarle similitudes o diferencias con el dark folk y o neofolk de grupos que a la larga ensombrecen y alegran a cientos de personas en el mundo, pero que terminan siendo casi que desconocidos en estas lúgubres cumbres andinas. Así es mejor no pensar que los coletazos de Death in June, Sol Invictus, Current 93, Nurse with wound, Coil o los grupos de World Serpent Distribution se tuvieron acá. Eso se lo dejamos a Santiago de Chile. Buenos Aires o el DF. Y aquí para los ocasionales compradores de Mortdiscos o Antífona cuando lograban hacerse a las poquísimas copias de esos discos. Un lujo como siempre.
Ingrávidos vivió la tensión del fin de milenio en seis canciones publicadas justo bordeando 1999. Una experiencia no ligada al sonido siniestro o ya ultradenso y fatalista que ha venido escuchándose en estos años con aquellos que promueven la diferencia a través de lo lúgubre o el deseo de ser distinto al mainstream. Como banda, estuvo conformada por la voz de Júpiter, la guitarra de Juan Arciria, la segunda guitarra de Alex Corredor, el bajo de Álvaro Rodríguez, la batería de Mauricio Chamucero y los teclados de Carolina Quiroga. Había todo comenzado a fines del 97, para vivir rápidamente el proceso de la grabación de un demo que circuló de mano en mano y que terminó despertando el interés de Andrés Castro. Fue él quien sugirió que la banda presentara su primer disco.
Y este llegó justo a fines de 1999, cuando el siglo veinte agonizaba y cuando las esperanzas de algo nuevo con un número 2, estaba muy cerca. Y llegaron para unos pocos, que respiraron los aires densos, las fumarolas siniestras y los ecos de una banda que encajaba bien en la ciudad. Pero lastimosamente esa primera encarnación de Ingrávidos que despertó interés en aquel momento, fue diluyéndose en la ciudad. Y no sucedió por desavenencias musicales, sino por los designios personales. Los miembros fueron buscando otros horizontes ligados en algunas ocasiones a la música en Bogotá o fuera de ella.
Como debut, que tal vez no es despedida, estas seis canciones electrificadas buscan ser la melancolía ajustada a nuestra idea de algo que aquí existe, que muchos viven y abrigan, pero que no ha tenido los suficientes adeptos dentro de las expresiones locales que a veces buscan el recurso extremo en la distorsión y la rapidez. Ingrávidos compartía la pesadumbre, más no el recurso de la igualdad con los góticos y siniestros que han optado por expresarse en el metal. Aquí la comunión venía con Bauhaus, con Placebo y hasta con Radiohead.
Ingrávidos
Tristezas de la luna
Transilvania Music
1999
1. Jardín de astros
2. Lullaby
3. Ladrón de cuerpos
4. Princesa of sorrow
5. Oda a la muerte
6. Angel eterno
"Talk Dirty To Me Part III" con traci lords, todo un ícono