1/28/06
2
Oh amantes amantes, hoy ustedes y nosotros
Hemos caído en un remolino: ¿alguien sabe cómo nadar?
Aunque el torrente del mundo pudiera desbordarse
y cada ola creciera como un dromedario,
las aves acuáticas no tienen nada que temer
mientras las aves celestes estén alertas.
Nuestros rostros están encendidos de gratitud,
versados estamos en la ola y el mar
tanto como el océano y la tormenta
en nutrir la vida de los peces.
Viejo, danos un manto; agua, déjanos sumergirnos en ti;
Moisés, hijo de Imrân, ven a golpear el agua del mar con tu báculo.
Este viento urde en cada cabeza
una pasión diferente; dejen que mi pasión
sea por aquel copero, ustedes
pueden quedarse con todo el resto.
Ayer aquel Saki arrebató por el camino
las capas de los borrachos;
hoy está dando más vino, preparándose
para despojarnos de nuestras vestiduras.
Oh envidia de la Luna y de Júpiter, con nosotros
y, sin embargo, siempre ocultos a los ojos como un Pari,
así suavemente me arrastras ¿no me dirás a dónde?
Donde quiera que vas sigues estando conmigo,
tu que eres mis ojos y mi brillo,
si quieres arrástrame hacia la ebriedad,
Si quieres transpórtame hacia la disolución.
Ten en cuenta que el mundo es como el monte Sinaí,
y nosotros, como Moisés, somos buscadores;
a cada instante llega una epifanía
y resquebraja en mil pedazos esta montaña.
Una porción queda verde y una blanca como el narciso,
otra se vuelve una perla y otra rubí y una más ámbar.
Tu que buscas contemplarlo a Él, mira sobre su cadena de montañas.
¡Oh montaña, qué viento ha soplado sobre ti
que nos hemos embriagado con el puro eco!
Jardinero, jardinero,
¿Por qué has venido a luchar contra nosotros?
Si nos hemos llevado tus uvas,
recuerda que tú te llevaste nuestras alforjas...
VIVO O DESCUARTIZADO?